viernes, febrero 23, 2007

Divinidad real

“Caga el rey, caga el papa / del cagar nadie se escapa”
(Pintada en la puerta del baño
-era el de chicos, y yo tenía cierta urgencia ineludible-)


Al final, aunque lo haga sobre algodones y oros, aunque pueda mitigar el hedor con perfumes orientales, el rey, como el último de sus vasallos, caga. Y aunque tal cosa sea lo más natural del mundo resulta… humano, demasiado humano: tanto, que llegamos a suponer que Dios (hecho a nuestra imagen y semejanza, pero Dios) no caga. Ni mea. Ni tiene mocos, aunque tenga nariz.
Así pues, la única forma de concebir a su majestad como divina es por medio de las más divinas representaciones. Que venga el pintor de Corte, el escultor de turno, que mi efigie campee convenientemente adecuada por doquier. Y que mi carne sea divisada sólo en el lecho, por las más discretas.
Nada más alejado de la realidad que el Arte: perverso, siempre al servicio del poder, presto a crea imágenes para los fieles. Ah… pero… ¿cuántos son, majestad, los que alcanzan a ver vuestra divina efigie en pintura? Pocos, muy pocos, los demás no importan.
Y llegó la masa, a la que, al parecer, no le gustaban los pasteles… pero eso, es otro cantar.

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