martes, octubre 07, 2008

Qué tonta

Sé que eres tú quien oculta en la espesura de letras me habla sin parar. Se que soy yo el objeto de tus soliloquios porque me llamas en cada acento, me requieres en todos los puntos y hasta me lanzas guiños en algunas comas. 

Sé que tus desmanes verborreicos, tus torpes ripios son todos míos, que me los dedicas, los dejas abandonados en mitad de mi camino para que me los tropiece y los recoja, para que una vez reparados de su estancia en el desierto, les devuelva el hálito de un soplido y los coleccione con mimo. 

Lo sé.

Pero ¿acaso esperas que tracen mis pasos tus sendas? ¿Que mis ojos crucen tus miradas? ¿Qué acierte si quiera a escuchar el susurro sibilante que se pierde en el aire?


Qué tonta.


Tú siempre tan inflamada en ansias. Tan palpitante en tensiones, tan mordiéndote los dientes en la espera. 


Pues espera, espera.


Pero no me esperes a mí que no existo más allá de tu esperanza. 


Y ahora me río, porque te veo contrita, y de pronto decides corporeizarme. En cualquiera, aseguras. En el primero que pase y se deje. Y vuelvo a reirme, porque bien veo que el despecho te obceca ¿Aguantarán otros yunques y martillos tu taladradora lengua?¿Podrán otros labios afirmarte con tino?¿Acertará cualquier ojo a perforarte el ombligo?


Póstrate ante mi próximo verso y rompo contigo. 



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