viernes, septiembre 05, 2008

Zorpreza...



¿Recuerdas? Amenacé con hacerlo. 
Hecho queda

jueves, septiembre 04, 2008

Memento...

Esa puerta...


Me acabo de dar cuenta de que hay un montón de cosas que me pasan abriendo una
puerta
No siempre es la misma puerta, pero siempre es una puerta
Esto me ha hecho reflexionar seriamente y plantearme la posibilidad de no volver a abrir una puerta nunca jamás. 
Pero me acabo de acordar del bueno del Dr. Malcolm Crowe y he tomado la determinación de dejar de comportarme como una gilipuertas. 


NOBEL



Abrí la puerta y allí estaba, en mitad del pasillo, con las orejas en punta, ladeando la cabeza como diciendo “ah, eres tú”. Dejé precipitadamente los bártulos en la cocina y cuando regresé, correa en mano, ya no estaba.
Nobel, Nobel, grité. Miré en la habitación de Julia y ví sus cuartos traseros asomando por debajo de la cama. ¿Cómo diantres será capaz de colarse por tan estrecho recoveco?
Renuncié a mi bipedismo habitual y reptante le enseñe la correa. Mira, mira, vamos a la calle. Con displicente parsimonia me ignoró. Pero Nobel, bonita, cosita de mamá ¿no te apetece salir a dar un paseíto? Ni un leve bufido de negación, ningún gesto que permitiera corroborar mi presencia.
Está bien. Me recompuse con la dignidad herida y recordé que lo que más me gustaba de Nobel era precisamente su faceta epicúrea. Esa capacidad suya de no prestarle atención a nada. Ese eterno vivir hecha un ovillo, sin más preocupación que no tener preocupaciones.
Decidí intentarlo después de comer y comí intentando no ruborizarme por el desprecio sufrido. Convertí cada batir de mandíbula en un arrebato de autoestima y cada ascensión descendente de mi glotis en una tranquilizadora reflexión.
Con los postres llegué a la conclusión de que aquella perra me tenía manía, me odiaba pero ¿por qué? Qué le he hecho yo, sino admirar su saber estar no estando. Me derrumbé. Y con lágrimas en los ojos le supliqué que perdonara cualquier agravio cometido. Se relamía los bigotes, sin decirme nada. Nobel, por favor, dime qué te hecho para que así me maltrates.

No encontré respuesta.

Es lo que suele pasar cuándo le hablas a una perra. Que no te responde.

jueves, agosto 28, 2008

TABERNAE

Hay aquí, como en otros tantos lugares, cantidades ingentes de bares, tabernas, pubs y sitios varios donde hundir las miserias en alcohol y en la mejor compañía. Cuando vine para estudiar, y de eso hace ya bastante tiempo, unos once años, no me interesaban en absoluto aquellos antros de perversión en los que olvidarse de las responsabilidades. 

En lugar de menear el esqueleto y olisquear el esternón de los comprades procuraba yo mejorarme con el estudio y el contacto con seres elevados. Y esto hasta en verano, en que me apuntaba a variados cursos estivales, algunos de los cuales me permitían entablar fructíferas relaciones con gentes de allende los Pirineos. 

Consideraba yo a los gabachos, y creía que con fundamentadas razones, más listos que nadie. Habían hecho miles de revoluciones y gozaban de un bienestar social envidiable. Con ellos departía amigablemente buscando aquél atisbo de progreso que tanto necesitaba. 

Claro que, los franchutes en cuestión, venían aquí de misiones. A pasárselo bien comiendo tortilla de patata y bailando flamenco (¿flamenco aquí en el borde de la meseta?). Venían en busca de la España negra de pandereta y aunque nada quedaba ya de aquello, lo encontraban. ¿Será posible? 

No supe yo de la existencia de aquella taberna castiza hasta que no me llevaron los progresistas aquellos. Está escondida en una esquina oscura y nadie, en principio, se atrevería a atravesar su umbral. Es un milagro de la conservación que ha resistido el embate de los tiempos. Allí se reúnen tipos variopintos a beber, tocar la guitarra y cantar melodías hermosas, rescatadas de las gargantas de Machín. 

La taberna en cuestión muere ahora de éxito. Repleta hasta la bandera es imposible ya acercarse a disfrutarla. Su principal virtud es, sin duda, su capacidad evocadora. En la era de las discotecas Pachá, era un reducto de calma chicha. En los tiempos de Second Life, un espacio tangible. Más que cualquier catedral o cualquier clase de historia, es el pasado vivido en el presente.

Y yo supe de su existencia por los franceses, que vienen aquí, todavía (y ved si ha llovido desde Gautier), a buscarnos el exotismo que ya no tenemos (¡qué nunca tuvimos, joder!). ¡Serán cabrones! (¿Haremos nosotros lo mismo cuando viajamos a Cuba, por ejemplo?)


Y es que la nostalgia es una cosa mucho mala, porque es fuerte e irrefrenable ¿Qué podemos hacer para no rememorar continuamente el pasado idealizado? Nos pervierte la visión del mundo y exalta a la Bruja Avería, los dictados y las botas catiuscas, en detrimento de los mensajes de móvil sin vocales y las horas consumidas en la Play Station.

 

Ahora, once años después, me arrastro por las noches de garito en garito y tiro porque me toca. Mis huesos y carnes tolendas se depositan con cronométrica precisión en cada uno de los sitios conocidos, sin ansias ninguna de abrirse a “nuevas experiencias”. Que son las once, una cerveza aquí. Que las doce, un copazo allá. Que la una, un baile acullá.  Con sorpresa vengo percibiendo pequeños cambios en mi cotidianidad, introducidos como quién no quiere la cosa, pero que a mí me laceran como una ofensa escupida entre ceja y ceja. ¿A qué viene forrar nuestros tradicionales contoneos de las dos y cuarto con esta mierda de publicidad de Bacardi? Oh, sí, seguro que molan un mazo todas esas pantallas en las que se repite la misma puta escena todo el rato, como si el pobre Sísifo estuviera condenado a darle al play toda la vida. Sí, sí, y que “tecnifiquen” todas las canciones bombardeándolas con chundaschundas es genial.

Vamos a ver si en aquel sitio en que nos ponen la música de las verbenas se nos pasa la taquicardia. Y, oh sorpresa, al encontrar en aquel lugar a las mismas personas que estaban en el otro, estropeando, a mis ojos ebrios, el ambiente. Ambiente.

Me casaría en Soria. Pero, quiá, si en realidad lo que me jode es no haber sabido evolucionar y no lograr encontrarle el encanto al Second Life. Igualica, igualica que su padre, oiga, que de cada cinco veces que tiene que responder al móvil acierta una y de casualidad.

miércoles, agosto 27, 2008

Con V de Vendetta

Este post está dedicado a uno que, sin faltar a la verdad, me ha llamado fea. 
A mi lista de atributos puede añadir el de mepicocomounamona.




Acá el llamado "Hipopótamo bailarín" o "Hipopótamo Tra Tra", en ningún caso denominado obsceno.


Y ya puestos a homenajear al personal...





¡Joder lo que me estoy riendo!


martes, agosto 26, 2008

Desmemorias

Al principio creí que sólo tenía alguna laguna en la memoria. Era bastante el tormento, aún así: no saber dónde se estuvo ni qué se hizo durante extraños lapsos de tiempo. Pero llegué a asumirlo como normal, fruto inevitable de las ingestas alcohólicas. Se bebe para olvidar y en lugar de eso, de erradicar la angustia, permanece ésta para añadirse a la que producen los blancones de la noche oscura. Bueno. Vale. No es el remedio. Pero aquí a mis colegas les hace hasta gracia... ¿cómo es posible? se preguntan divertidos.  

Pero ahora, entre los vacíos del recuerdo se mezclan imágenes oníricas a las que no sé si debo dar crédito o no. ¿Lo soñé o pasó? Y como tengo la mala costumbre de disolverme en la soledad, de separarme del grupo para aislarme brevemente y resurgir más tarde como si nada hubiera pasado, no tengo testigos que me lo corroboren. 

¿Me cogieron de la mano y yo no dije nada? ¿Me recriminaron la conversación cuándo locuaz de nuevo recuperé el habla? Por qué si nada pasó tengo la conciencia cargada de extraños vapores que arañan, que escuecen. 


Tíos, qué bueno...

Qué no, qué no. Definitivamente no me gustan los tíos buenos. Esos tórax depilados. Esos brazos perfilados con cincel. Las sonrisas brillantemente burlonas. Brad Pitt estropea todas las películas en las que aparece. ¡Jesucristo! ¿quién se cree a ese Aquiles llorando? Cómo se puede llorar tan mal. Por Dios. Se salva Héctor, porque su mirada estrábica se pierde irremisiblemente, y evoca pensamientos oscuros, lejanos, inalcanzables (soy incorpórea, soy intangible, no puedo amarte, etc.).

¿De dónde diantres sale tanto cuerpo danone? Dónde encontrarle el encanto al mármol idealizado, al bronce seco de los efebos griegos. 

Ven tú, desarrapado, que en tu mirada parece asomar la chispa de la inteligencia, aunque sea fugaz, como fugaz lo es todo, hasta el pensamiento acertado y lúcido. Tú que tienes algo que te distingue, eso que es de verdad, que no se lo ha imaginado el artista para sacarlo del bloque pétreo de Carrara. 




P.S. Como bien pueden imaginar yo tampoco les molo nada, ni un pelo, a los tíos buenos ¿estaré despechada?

miércoles, agosto 13, 2008

MADRID Y AGOSTO

Si a cualquiera de uds. (ya sé que no son muchos, y que la mayoría son conocidos, pero bien saben que me pierden las retóricas hueras) les ofrecieran ir en Agosto a Madrid no dudarían en negarse rotundamente: Vamos por Dios. Todo el mundo (que puede) se va de la capital en tales fechas ¡por algo será! 

Imagino que las fiestas de San Cayetano, San Lorenzo y la Blanca Paloma, allí en eso que llaman el Distrito Centro y que es a saber lo más castizo del casticismo (las delicias de Unamuno), no sería suficiente aliciente para uds. los sabios que se agostan en la costa. 

Pero resulta que a algunas, a nosotras mismas, por ejemplo, Lavapiés nos fascina. Desde que supimos que era algo más que una calle del Monopoli y mucho mas que una constante televisiva no vacilamos ni un instante en acudir a mirar al sol allí dónde el sol tanto aprieta. Que hasta a las ocho de la tarde eleva la temperatura a cuarenta y subiendo. 

Sudando, picadas por miles de mosquitos, avergonzadas de nuestra escasa capacidad de  remar, tiradas en el sofá suplicando al ventilador que por favor se acelere, incapaces de hacer funcionar un tocadiscos (qué pronto se nos olvidan los aprendizajes de la infancia), recordando viejos tiempos y augurándonos un futuro lleno de gatos, hemos consumido un fin de semana en la capital del reino.

Y será la ignorancia, o el pelo de la dehesa, pero los madriles son flipantes. Todo fascinante. Desde le hippi de verbenas que te pide tabaco y no hace más que eso, el cabrón, pedirte tabaco, hasta el rastas insensato que apaga el suyo en nuestro catxi (mini lo llaman allá). Desde el tipo ese de Cuenca que cosecha en Lerma y al que no se encuentra nada más que decir, por mucho que se piensa y se repiensa, y se vuelve a pensar. Hasta aquellos otros que llevan una camiseta de Criticar X Criticar y que si fueran en busca de Bisbal pues ni tan mal, pero yendo a por tecno..., la cosa cambia. 

Y así, con los ojos como platos, fotografiándonos en todos los escenarios posibles, con la regla jodiendo la marrana, hemos estado haciendo la nada como el más elevado logro. 

Me ha dado por llegar a la brillante conclusión de que la culpa no es de Madrid. Ni del calor. Ni del barquero que no da instrucciones. Ni de la inflación. Ni del mercantilismo. Ni del terrorismo de Estado en Colombia. 

Lo siento, chicas, no sé por qué, pero la culpa es nuestra. 

Che, boludo, no sos vos... etc.


JACK DANIEL'S

Abrí la puerta. Frente a mí un hombre, enorme, de piel tostada, en traje negro, con los dientes de la sonrisa blancos y blanca la corbata.
- Este es mi amigo de Tennessee, Jack Daniel's - me dijo Ana, colgada de su brazo.
Me quedé paralizada admirando aquella construcción inverosímil ¡quién podía haber traído al mundo a una criatura tan perfecta? Caí al suelo de rodillas y casi con lágrimas en los ojos logré balbucir algo así como “encantada” o “encandilada” o “en todo lo lo que quieras, hijomíodemivida”.
Él soltó una risotada que me retumbó en las costillas, dejando ver su lengua rosa, mullida. Hizo ademán de rescatarme de mi indigna posición cuando ya trepaba yo por sus solapas buscando ansiosa mejillas con las que cumplir el ritual. Era todo un caballero, sin duda, pues las ofrecía dadivoso, aunque sin dejar de reirse.
- Pase, pase, señor Daniel's - añadí a continuación con la libido enrojeciéndome el rostro.
- Ah, pero no, por favor, tutéame y llámame Jack.
Tenía la voz grave de los cantantes de Soul y un leve acento extranjerizante que invitaba a ofrecerse con logopédica disposición.
- Lo probarás ¿no? - añadió Ana.
Aún guardaba en mi paladar el gusto dulzón y empalagoso de la tarde con Etxeko. Aquél navarro pelirrojo, con las endrinas tan bien puestas, que acostumbra a ahogarme las penas. El nuevo manjar se me antojaba demasiado elevado para mis rústicas costumbres. Así que dudé.
Y mientras dudaba y dudaba, me ofrecí a quitarle la chaqueta, que hace calor. Y a aflojarle la corbata, que estamos entre amigos. Y ¿por qué no? a deshacer, definitivamente el nudo y desabrochar los primeros botones de la camisa comprobando que el bronceado es homogéneo. No dudes en remangarte si estás más cómodo y si quieres puedes seguir con los botones...
Recuerdo que sonaba música de los años ochenta. Grandes clásicos que soy incapaz de identificar ¿Dónde diantres estaba yo en tan señaladas fechas? Hay que joderse, que le pongan a una un Jack Daniel's a ritmo de The Doors y sólo pueda acordarse de la gilipollas de la Susanita y del imbécil de su ratón.


jueves, julio 31, 2008

FRÁTERES

Ayer descubrí que mi otro hermano me ha descubrierto en la Red. No fue difícil: Me llamó por teléfono para decírmelo. Lo curioso del caso es que yo le anuncié la existencia de este mi blog hace siglos y va el tipo y se me desayuna a estas alturas... 
Otra lanzada más contra mi vanidad. Yo exponiéndome divina ante un público que no me echa un ojo ni por casualidad. No me negarán que como cura de humildad es eficacísima. 
Cuando empecé esto, tenia la vaga esperanza de que el anonimato sacara de mí el lado oscuro que todos los jedis llevamos dentro. Creí que amparada bajo un pseudónimo sería capaz de desnudarme como el Robbie Williams en el video aquél (en el que tampoco le hacían mucho caso, la verdad). Ya saben, confesar los más profundos e irreverentes pensamientos. Subvertir, por fin, todos los valores. 
Pero, claro, al final ha resultado que no tengo nada en lo jondo.

 

No he logrado advertir ninguna anomalía extraña en mi ser. Vaya mierda. Soy una bloggera normal, que no cumple con los plazos impuestos por su propia voluntad (?), y que no logra hacer atractiva, ni por asomo, su diaria cotidianidad, ni aún la nocturna y alevosa. 
Y ni siquiera tengo una afición friki, en plan comics o pelis de serie B, que compartir con gafapastas sesudos. 
Tampoco me encuentro ninguna vena poética que desgarrar sanguinolenta y dejar brotar sin sentido (¿aparente?) ante los ojos estupefactos de cualquiera. 
Vaya mierda: No tengo encanto, encanto.

miércoles, julio 30, 2008

No hay que tomarse la vida demasiado en serio. De todas formas no saldremos vivos de ésta

Siempre me ha gustado tomarme a broma. Pero, me caso en Soria, últimamente no me encuentro la puta gracia.

jueves, julio 24, 2008

Qué raro ¿no?

Estoy un poco mosca.
Porque entiendo perfectamente que cuándo alguien se enamora esté feliz como una perdiz. 
Pero me cuesta entender eso de alegrarse con el enamoramiento ajeno. 
Vamos, que estar feliz como una perdiz porque otra persona se ha enamorado ¿en qué cabeza cabe?
Me parece un poco raro ¿no?

miércoles, julio 23, 2008

Sexofobia

La sexofobia es un extraño mal que, por lo que se sabe hasta el momento, sólo afecta al sexo y género femenino. 

Se está indagando últimamente sobre si hay sujetos de otros sexos y géneros también aquejados de tales padecimientos. 

Su diagnóstico es difícil, pues quien lo sufre no suele reconocerlo, no por dignidad, que bien pudiera ser, sino por lo inverosímil del hecho. 

Habitualmente se presenta de forma más o menos clara tras largos períodos de inactividad. Bien es cierto, no obstante, que la dicha longitud temporal es muy variable. Hay quienes ya sufren los rigores de la incertidumbre tras un par de meses (o semanas) y quienes no se aperciben de ellos hasta pasado un año (o varios, o muchos, incluso). 

Lo realmente curioso es que se puede dar también en personas desde la más tierna infancia. Que esto sea fruto de la genética o de la cultura queda aún por dilucidar. 

Como indica la etimología los síntomas son cierta aversión al ayuntamiento carnal, no por deseo expreso (no hay voto mediante alguno), sino por una acumulación de pudores inexplicables.

En la actualidad se exponen en el mercado multitud de remedios, bagatelas sin sustancia destinadas, como todo en el mercado, a sacarnos los cuartos. 


Ha llegado a mis oídos que un generoso gurú, misterioso y difícil de encontrar, ha diseñado una terapia, totalmente gratuita, que se adapta a cada caso como un guante. 

Las informaciones proceden de fuentes my diversas y son, en ocasiones, contradictorias. Vengo recogiendo noticias por doquier que hacen referencia a ejercicios continuados que van desde miradas insistentes hasta profundas penetraciones, desde lustros consagrados a una paulatina adaptación hasta terapias de choque ciertamente impactantes. 

Sea como fuere es preciso no olvidar que cualquiera de sus vecinitas de enfrente podría, la pobre, sufrir en silencio la enfermedad. Tampoco la más insinuante diosa de la pista, esa que parece estar llamándote con el movimiento sinuoso de sus caderas, tiene por que verse libre de tan odiosa afección. Tras el escote más sugerente puede ocultarse la más triste sexofóbica. 

Sabe pues, atrevido conturbador, que habrás de proceder en consecuencia. 

Baños de Sol

Vivo aquí, dónde cada verano me pican miles de mosquitos y dónde, a causa de los cambios de temperatura, cojo siempre un buen catarro. Como este. 


Oigan que toses más estertóreas y escandalícense con la mocada que me supura. 


ASÍ arrastraba mi cuerpo triste la mañana del sábado, tras los pasos de Julia, al encuentro con Natalia. Pobre Remedios, decían ambas mientras coquetas se probaban sandalias rebajadas. Pobre. 


Compasivas me sentaban en las terrazas e intentaban animarme despotricando contra todo el que pasaba ante nuestra vista. Mala costumbre esta, fundamentada en el ocio callejero, rezongué malhumorada. Un buen baño de sol, concluyeron, en la soledad del Cerro, podía disiparme los males y dorarlas a ellas al mismo tiempo. Sea, asentí. Vayamos esta tarde. 


Subimos al Cerro y acomodamos las posaderas en un pequeño claro junto al camino más obvio, tras haber dado una vuelta en balde, eludiendo mirones y cúmulos de mierda juvenil depositados a cada paso.

- ¿Y tú bikini, Remedios?

- ¿Mi bi qué? - Estupendo, pensé, había que traer bikini. - ¿No es suficiente con haber cortado los pantalones vaqueros?

Ahí estaba yo, ejerciendo de pálida mujer blanca, con unos vaqueros rancios y mal cortados, y una camiseta roja sin mangas con la que un 18 de julio reivindiqué la República. Untada hasta el tuétano de crema protectora del cincuenta, con las gafas de sol adheridas a la nariz y el gorro calado hasta las orejas. Un cuadro, dramático o cómico, según se mirara. 

- ¿Ni si quiera has traído la parte de arriba? - Natalia continuaba atónita, preguntándose de dónde había salido aquél personaje tan incapacitado para tomar el sol. 

- Ah, pues yo me pienso poner en tetas - añadió la pequeña Julia que ni corta ni perezosa...

¡Jesucristo! Qué dotación ¿por qué diantres está tan mal repartido este jodido mundo? A punto estuve de clamar justicia social, pero preferí hacerme la interesante sacando los dos libros que me había traído para leer alternativamente. 

Con el fin de que no pareciera que había ido yo a boicotear la toma, deje  sumisa que mis colegas me forjaran la postura.

- A ver, Remedios, hija, así no te va a dar el sol. Ponte bien, mujer. 

- Hablando de soles ¿hacia dónde va a ir?

- Se pondrá detrás de la colina, por ahí - señalé, comprendiendo cuál era mi función en tan curioso trío.

Y sosteniendo la incomodísima posición en que me habían dejado, cara al sol, para más inri, comencé a deleitarme en mis lecturas vespertinas. Alternando a Ramírez y a Savater, para cultivarme y elevarme a partes iguales, para terminar con mis males sin volverme loca, para dejar de rayarme finiquitando lo empezado, sudé la gota gorda y me llené el trasero de yerbajos secos y punzantes. 


Al final el sol se puso algo más a la derecha de lo que yo había dicho, pero como ni Julia ni Natalia se habían fijado bien en mis indicaciones, les dió por admirar mi ojo certero (o, tal vez, querían disimular mi fracaso). Si es que Remedios sabe de estas cosas. Y yo, que ya había hecho bastante el ridículo, no les saqué de su error.  Para enfatizar aún más mi buena disposición, sin faltar a la verdad, aseguré que la tarde de soles me había sido muy reparadora. 


martes, junio 03, 2008

Era un seter, irlandés, y me llamáis borracha a mí...

Una vez, yo, saqué a un perro a las seis de la mañana. Por supuesto, estaba borracha, Amparo. El animal, pelirrojo, como un bárbaro medio, me tiró al suelo nada más cruzar la carretera. Eso he de agradecérselo, al menos tuvo la delicadeza de estamparme contra la acera. Sé que los defensores de los bichos dirá que no fue suya la culpa y que era evidente que mi sentido del equilibrio flotaba vertiginosamente entre burbujas de cerveza. Pero yo no me apeo del burro (ya me perdonarán mi cabalgadura los defensores de los bichos pero así garantizo su cuidado y, sobre todo, la perpetuación de la especie): Fue él quién advertido de mi ebriedad quiso darme un escarmiento. 
Me partí el alma y el orgullo. Mis amistades, que no lograron impedir el accidentado paseo, por más que intentaron impedirlo ("dejazme, dejazme... que yo conttrrolooo") se rieron a gusto y sus correspondientes requiebradores (siempre tienen, al menos, uno a cada lado) lo fliparon, según citan las fuentes.
Perdí el móvil, cómo no, o me lo incrusté en el torrente sanguíneo, que es otra opción. El caso es que el soporte telefónico no apareció. Cariño, puedes llamarme al mismo número, pero te advierto que si me pillas en el hígado no tengo cobertura.

viernes, abril 04, 2008

Si me rehabilitas...

Oh... ( y se mesa los cabellos ), Oh y Oh, ( mientras se arranca los ojos ) o, infausto. Mezquino y abyecto ser del Averno ¿Cómo te has atrevido? ( grita desesperada primero, y luego más desesperada todavía). Oh, vil cortesano maquiavélico, famélico iluminado, oscuro nigromante, estúpido trepamuros, Oh, Oh ( llora lágrimas de sangre, recordemos que se acaba de sacar los ojos ). Misérrimo. Lúgubre. Tañedor de caramillo. Pastorcillo hediondo. Mister Universo fondón. Rojo follarín. Cerebro de lagartija, polla insaciable. ( coge aire, obviamente no sabe muy bien lo que dice, y como se está viendo, no tiene ni puta idea de adjetivar sustantivos insultantes )

Yo, que arrastré mis trenzas por el páramo. Yo, que he renunciado a mis córneas, miopes, después de la muerte (no me des clases de anatomía ocular, ahora no, calla y escucha). Yo que te desdeñé cuanto pude para obtener tus requiebros tengo que sufrirte ahora en brazos de otra. 

Oh, infausto corazón, aciago día en que tal imagen acudió a mi vista. Ni aún ahora que renuncio a mis globos (los oculares, los otros sigo cultivándolos con primor y algún día, quién sabe, hasta con silicona) puedo evitarla. 

Ah... quién me castiga. Quién así me zahiere y me veja. Quién me pone la pierna encima. 


Aplausos


Gracias, gracias, muchas gracias queridísimo público. Muchísimas gracias. Agradezco el afecto de la concurrencia. Aunque me gustaría obtener el de los que no concurren. Y no se me ocurre nada más. Muchas gracias, gracias, queridísimo público. 


La diva se dispone a abandonar la sala cuando surge de entre bastidores, hecha un basilisco, Amy Winehouse. No se sabe muy bien lo que dice, porque lo dice en inglés, pero es probable que la esté llamando aficionada de tres al cuarto, y añada que no tienen ni puta idea de llorar, que no sabe lo que es que se sequen las lágrimas y que vaya una mierda de lamentación. 


El respetable pide Rehab.




Yo, soy el monstruo de tus entrañas, tu dolor de tripas, tu intestino hediondo. La tigresa que te araña y tú, lo único que quieres es "que me coma el tigre que me coma el tigre" .