miércoles, agosto 13, 2008

MADRID Y AGOSTO

Si a cualquiera de uds. (ya sé que no son muchos, y que la mayoría son conocidos, pero bien saben que me pierden las retóricas hueras) les ofrecieran ir en Agosto a Madrid no dudarían en negarse rotundamente: Vamos por Dios. Todo el mundo (que puede) se va de la capital en tales fechas ¡por algo será! 

Imagino que las fiestas de San Cayetano, San Lorenzo y la Blanca Paloma, allí en eso que llaman el Distrito Centro y que es a saber lo más castizo del casticismo (las delicias de Unamuno), no sería suficiente aliciente para uds. los sabios que se agostan en la costa. 

Pero resulta que a algunas, a nosotras mismas, por ejemplo, Lavapiés nos fascina. Desde que supimos que era algo más que una calle del Monopoli y mucho mas que una constante televisiva no vacilamos ni un instante en acudir a mirar al sol allí dónde el sol tanto aprieta. Que hasta a las ocho de la tarde eleva la temperatura a cuarenta y subiendo. 

Sudando, picadas por miles de mosquitos, avergonzadas de nuestra escasa capacidad de  remar, tiradas en el sofá suplicando al ventilador que por favor se acelere, incapaces de hacer funcionar un tocadiscos (qué pronto se nos olvidan los aprendizajes de la infancia), recordando viejos tiempos y augurándonos un futuro lleno de gatos, hemos consumido un fin de semana en la capital del reino.

Y será la ignorancia, o el pelo de la dehesa, pero los madriles son flipantes. Todo fascinante. Desde le hippi de verbenas que te pide tabaco y no hace más que eso, el cabrón, pedirte tabaco, hasta el rastas insensato que apaga el suyo en nuestro catxi (mini lo llaman allá). Desde el tipo ese de Cuenca que cosecha en Lerma y al que no se encuentra nada más que decir, por mucho que se piensa y se repiensa, y se vuelve a pensar. Hasta aquellos otros que llevan una camiseta de Criticar X Criticar y que si fueran en busca de Bisbal pues ni tan mal, pero yendo a por tecno..., la cosa cambia. 

Y así, con los ojos como platos, fotografiándonos en todos los escenarios posibles, con la regla jodiendo la marrana, hemos estado haciendo la nada como el más elevado logro. 

Me ha dado por llegar a la brillante conclusión de que la culpa no es de Madrid. Ni del calor. Ni del barquero que no da instrucciones. Ni de la inflación. Ni del mercantilismo. Ni del terrorismo de Estado en Colombia. 

Lo siento, chicas, no sé por qué, pero la culpa es nuestra. 

Che, boludo, no sos vos... etc.


JACK DANIEL'S

Abrí la puerta. Frente a mí un hombre, enorme, de piel tostada, en traje negro, con los dientes de la sonrisa blancos y blanca la corbata.
- Este es mi amigo de Tennessee, Jack Daniel's - me dijo Ana, colgada de su brazo.
Me quedé paralizada admirando aquella construcción inverosímil ¡quién podía haber traído al mundo a una criatura tan perfecta? Caí al suelo de rodillas y casi con lágrimas en los ojos logré balbucir algo así como “encantada” o “encandilada” o “en todo lo lo que quieras, hijomíodemivida”.
Él soltó una risotada que me retumbó en las costillas, dejando ver su lengua rosa, mullida. Hizo ademán de rescatarme de mi indigna posición cuando ya trepaba yo por sus solapas buscando ansiosa mejillas con las que cumplir el ritual. Era todo un caballero, sin duda, pues las ofrecía dadivoso, aunque sin dejar de reirse.
- Pase, pase, señor Daniel's - añadí a continuación con la libido enrojeciéndome el rostro.
- Ah, pero no, por favor, tutéame y llámame Jack.
Tenía la voz grave de los cantantes de Soul y un leve acento extranjerizante que invitaba a ofrecerse con logopédica disposición.
- Lo probarás ¿no? - añadió Ana.
Aún guardaba en mi paladar el gusto dulzón y empalagoso de la tarde con Etxeko. Aquél navarro pelirrojo, con las endrinas tan bien puestas, que acostumbra a ahogarme las penas. El nuevo manjar se me antojaba demasiado elevado para mis rústicas costumbres. Así que dudé.
Y mientras dudaba y dudaba, me ofrecí a quitarle la chaqueta, que hace calor. Y a aflojarle la corbata, que estamos entre amigos. Y ¿por qué no? a deshacer, definitivamente el nudo y desabrochar los primeros botones de la camisa comprobando que el bronceado es homogéneo. No dudes en remangarte si estás más cómodo y si quieres puedes seguir con los botones...
Recuerdo que sonaba música de los años ochenta. Grandes clásicos que soy incapaz de identificar ¿Dónde diantres estaba yo en tan señaladas fechas? Hay que joderse, que le pongan a una un Jack Daniel's a ritmo de The Doors y sólo pueda acordarse de la gilipollas de la Susanita y del imbécil de su ratón.


jueves, julio 31, 2008

FRÁTERES

Ayer descubrí que mi otro hermano me ha descubrierto en la Red. No fue difícil: Me llamó por teléfono para decírmelo. Lo curioso del caso es que yo le anuncié la existencia de este mi blog hace siglos y va el tipo y se me desayuna a estas alturas... 
Otra lanzada más contra mi vanidad. Yo exponiéndome divina ante un público que no me echa un ojo ni por casualidad. No me negarán que como cura de humildad es eficacísima. 
Cuando empecé esto, tenia la vaga esperanza de que el anonimato sacara de mí el lado oscuro que todos los jedis llevamos dentro. Creí que amparada bajo un pseudónimo sería capaz de desnudarme como el Robbie Williams en el video aquél (en el que tampoco le hacían mucho caso, la verdad). Ya saben, confesar los más profundos e irreverentes pensamientos. Subvertir, por fin, todos los valores. 
Pero, claro, al final ha resultado que no tengo nada en lo jondo.

 

No he logrado advertir ninguna anomalía extraña en mi ser. Vaya mierda. Soy una bloggera normal, que no cumple con los plazos impuestos por su propia voluntad (?), y que no logra hacer atractiva, ni por asomo, su diaria cotidianidad, ni aún la nocturna y alevosa. 
Y ni siquiera tengo una afición friki, en plan comics o pelis de serie B, que compartir con gafapastas sesudos. 
Tampoco me encuentro ninguna vena poética que desgarrar sanguinolenta y dejar brotar sin sentido (¿aparente?) ante los ojos estupefactos de cualquiera. 
Vaya mierda: No tengo encanto, encanto.

miércoles, julio 30, 2008

No hay que tomarse la vida demasiado en serio. De todas formas no saldremos vivos de ésta

Siempre me ha gustado tomarme a broma. Pero, me caso en Soria, últimamente no me encuentro la puta gracia.

jueves, julio 24, 2008

Qué raro ¿no?

Estoy un poco mosca.
Porque entiendo perfectamente que cuándo alguien se enamora esté feliz como una perdiz. 
Pero me cuesta entender eso de alegrarse con el enamoramiento ajeno. 
Vamos, que estar feliz como una perdiz porque otra persona se ha enamorado ¿en qué cabeza cabe?
Me parece un poco raro ¿no?

miércoles, julio 23, 2008

Sexofobia

La sexofobia es un extraño mal que, por lo que se sabe hasta el momento, sólo afecta al sexo y género femenino. 

Se está indagando últimamente sobre si hay sujetos de otros sexos y géneros también aquejados de tales padecimientos. 

Su diagnóstico es difícil, pues quien lo sufre no suele reconocerlo, no por dignidad, que bien pudiera ser, sino por lo inverosímil del hecho. 

Habitualmente se presenta de forma más o menos clara tras largos períodos de inactividad. Bien es cierto, no obstante, que la dicha longitud temporal es muy variable. Hay quienes ya sufren los rigores de la incertidumbre tras un par de meses (o semanas) y quienes no se aperciben de ellos hasta pasado un año (o varios, o muchos, incluso). 

Lo realmente curioso es que se puede dar también en personas desde la más tierna infancia. Que esto sea fruto de la genética o de la cultura queda aún por dilucidar. 

Como indica la etimología los síntomas son cierta aversión al ayuntamiento carnal, no por deseo expreso (no hay voto mediante alguno), sino por una acumulación de pudores inexplicables.

En la actualidad se exponen en el mercado multitud de remedios, bagatelas sin sustancia destinadas, como todo en el mercado, a sacarnos los cuartos. 


Ha llegado a mis oídos que un generoso gurú, misterioso y difícil de encontrar, ha diseñado una terapia, totalmente gratuita, que se adapta a cada caso como un guante. 

Las informaciones proceden de fuentes my diversas y son, en ocasiones, contradictorias. Vengo recogiendo noticias por doquier que hacen referencia a ejercicios continuados que van desde miradas insistentes hasta profundas penetraciones, desde lustros consagrados a una paulatina adaptación hasta terapias de choque ciertamente impactantes. 

Sea como fuere es preciso no olvidar que cualquiera de sus vecinitas de enfrente podría, la pobre, sufrir en silencio la enfermedad. Tampoco la más insinuante diosa de la pista, esa que parece estar llamándote con el movimiento sinuoso de sus caderas, tiene por que verse libre de tan odiosa afección. Tras el escote más sugerente puede ocultarse la más triste sexofóbica. 

Sabe pues, atrevido conturbador, que habrás de proceder en consecuencia. 

Baños de Sol

Vivo aquí, dónde cada verano me pican miles de mosquitos y dónde, a causa de los cambios de temperatura, cojo siempre un buen catarro. Como este. 


Oigan que toses más estertóreas y escandalícense con la mocada que me supura. 


ASÍ arrastraba mi cuerpo triste la mañana del sábado, tras los pasos de Julia, al encuentro con Natalia. Pobre Remedios, decían ambas mientras coquetas se probaban sandalias rebajadas. Pobre. 


Compasivas me sentaban en las terrazas e intentaban animarme despotricando contra todo el que pasaba ante nuestra vista. Mala costumbre esta, fundamentada en el ocio callejero, rezongué malhumorada. Un buen baño de sol, concluyeron, en la soledad del Cerro, podía disiparme los males y dorarlas a ellas al mismo tiempo. Sea, asentí. Vayamos esta tarde. 


Subimos al Cerro y acomodamos las posaderas en un pequeño claro junto al camino más obvio, tras haber dado una vuelta en balde, eludiendo mirones y cúmulos de mierda juvenil depositados a cada paso.

- ¿Y tú bikini, Remedios?

- ¿Mi bi qué? - Estupendo, pensé, había que traer bikini. - ¿No es suficiente con haber cortado los pantalones vaqueros?

Ahí estaba yo, ejerciendo de pálida mujer blanca, con unos vaqueros rancios y mal cortados, y una camiseta roja sin mangas con la que un 18 de julio reivindiqué la República. Untada hasta el tuétano de crema protectora del cincuenta, con las gafas de sol adheridas a la nariz y el gorro calado hasta las orejas. Un cuadro, dramático o cómico, según se mirara. 

- ¿Ni si quiera has traído la parte de arriba? - Natalia continuaba atónita, preguntándose de dónde había salido aquél personaje tan incapacitado para tomar el sol. 

- Ah, pues yo me pienso poner en tetas - añadió la pequeña Julia que ni corta ni perezosa...

¡Jesucristo! Qué dotación ¿por qué diantres está tan mal repartido este jodido mundo? A punto estuve de clamar justicia social, pero preferí hacerme la interesante sacando los dos libros que me había traído para leer alternativamente. 

Con el fin de que no pareciera que había ido yo a boicotear la toma, deje  sumisa que mis colegas me forjaran la postura.

- A ver, Remedios, hija, así no te va a dar el sol. Ponte bien, mujer. 

- Hablando de soles ¿hacia dónde va a ir?

- Se pondrá detrás de la colina, por ahí - señalé, comprendiendo cuál era mi función en tan curioso trío.

Y sosteniendo la incomodísima posición en que me habían dejado, cara al sol, para más inri, comencé a deleitarme en mis lecturas vespertinas. Alternando a Ramírez y a Savater, para cultivarme y elevarme a partes iguales, para terminar con mis males sin volverme loca, para dejar de rayarme finiquitando lo empezado, sudé la gota gorda y me llené el trasero de yerbajos secos y punzantes. 


Al final el sol se puso algo más a la derecha de lo que yo había dicho, pero como ni Julia ni Natalia se habían fijado bien en mis indicaciones, les dió por admirar mi ojo certero (o, tal vez, querían disimular mi fracaso). Si es que Remedios sabe de estas cosas. Y yo, que ya había hecho bastante el ridículo, no les saqué de su error.  Para enfatizar aún más mi buena disposición, sin faltar a la verdad, aseguré que la tarde de soles me había sido muy reparadora. 


martes, junio 03, 2008

Era un seter, irlandés, y me llamáis borracha a mí...

Una vez, yo, saqué a un perro a las seis de la mañana. Por supuesto, estaba borracha, Amparo. El animal, pelirrojo, como un bárbaro medio, me tiró al suelo nada más cruzar la carretera. Eso he de agradecérselo, al menos tuvo la delicadeza de estamparme contra la acera. Sé que los defensores de los bichos dirá que no fue suya la culpa y que era evidente que mi sentido del equilibrio flotaba vertiginosamente entre burbujas de cerveza. Pero yo no me apeo del burro (ya me perdonarán mi cabalgadura los defensores de los bichos pero así garantizo su cuidado y, sobre todo, la perpetuación de la especie): Fue él quién advertido de mi ebriedad quiso darme un escarmiento. 
Me partí el alma y el orgullo. Mis amistades, que no lograron impedir el accidentado paseo, por más que intentaron impedirlo ("dejazme, dejazme... que yo conttrrolooo") se rieron a gusto y sus correspondientes requiebradores (siempre tienen, al menos, uno a cada lado) lo fliparon, según citan las fuentes.
Perdí el móvil, cómo no, o me lo incrusté en el torrente sanguíneo, que es otra opción. El caso es que el soporte telefónico no apareció. Cariño, puedes llamarme al mismo número, pero te advierto que si me pillas en el hígado no tengo cobertura.

viernes, abril 04, 2008

Si me rehabilitas...

Oh... ( y se mesa los cabellos ), Oh y Oh, ( mientras se arranca los ojos ) o, infausto. Mezquino y abyecto ser del Averno ¿Cómo te has atrevido? ( grita desesperada primero, y luego más desesperada todavía). Oh, vil cortesano maquiavélico, famélico iluminado, oscuro nigromante, estúpido trepamuros, Oh, Oh ( llora lágrimas de sangre, recordemos que se acaba de sacar los ojos ). Misérrimo. Lúgubre. Tañedor de caramillo. Pastorcillo hediondo. Mister Universo fondón. Rojo follarín. Cerebro de lagartija, polla insaciable. ( coge aire, obviamente no sabe muy bien lo que dice, y como se está viendo, no tiene ni puta idea de adjetivar sustantivos insultantes )

Yo, que arrastré mis trenzas por el páramo. Yo, que he renunciado a mis córneas, miopes, después de la muerte (no me des clases de anatomía ocular, ahora no, calla y escucha). Yo que te desdeñé cuanto pude para obtener tus requiebros tengo que sufrirte ahora en brazos de otra. 

Oh, infausto corazón, aciago día en que tal imagen acudió a mi vista. Ni aún ahora que renuncio a mis globos (los oculares, los otros sigo cultivándolos con primor y algún día, quién sabe, hasta con silicona) puedo evitarla. 

Ah... quién me castiga. Quién así me zahiere y me veja. Quién me pone la pierna encima. 


Aplausos


Gracias, gracias, muchas gracias queridísimo público. Muchísimas gracias. Agradezco el afecto de la concurrencia. Aunque me gustaría obtener el de los que no concurren. Y no se me ocurre nada más. Muchas gracias, gracias, queridísimo público. 


La diva se dispone a abandonar la sala cuando surge de entre bastidores, hecha un basilisco, Amy Winehouse. No se sabe muy bien lo que dice, porque lo dice en inglés, pero es probable que la esté llamando aficionada de tres al cuarto, y añada que no tienen ni puta idea de llorar, que no sabe lo que es que se sequen las lágrimas y que vaya una mierda de lamentación. 


El respetable pide Rehab.




Yo, soy el monstruo de tus entrañas, tu dolor de tripas, tu intestino hediondo. La tigresa que te araña y tú, lo único que quieres es "que me coma el tigre que me coma el tigre" .

martes, abril 01, 2008

A mí, que no valgo nada

31 enero

El operador situó con cuidado la cámara oscura sobre su trípode. Me indicó dónde debía ponerme y me sugirió amablemente que adoptara una pose natural. Ante mi azoro se mostró tranquilizador, disponiendo mis miembros de la forma más idónea. Esto no es muy natural que digamos y ambos reímos por lo incómodo de la situación. Estaba claro. No había forma de hacerme una foto decente. Decidimos esperar a la llegada de la instantánea y de las cámaras de pequeño formato. Me juró que entonces lograría recogerme furtivamente, sin que advirtiera su alevoso disparo. Yo le reté a que me encontrara el lado bueno, o el salvaje. Para amenizar la espera tomamos té con pastas, en una mesita adecuada a ello, en la única esquina oscura del estudio: junto al arpa dormida. Teníamos años para buscarnos los ángulos antes del instante decisivo.

Desvanecida

28 enero

Velada entre las sombras me contemplo. Pulo la plata, galvanizada. La sigo puliendo, hasta que su superficie sea cristal. Alguien estornuda ostensiblemente y de forma continuada. Estoy en el Paraíso. Y para llegar hasta aquí no me han hecho falta tetas. ¡Viva Lavapiés! Yodo para sensibilizar la placa y arcanos a la sombra de una vela para acertar con sus justo color. El alquimista, impaciente, sigue los pasos. La toma es lo de menos. Dos pastillas al día, serán suficientes. Cuidado, sólo es sensible a la luz azul. Mayo, con sus flores, es el mes más propicio. Y lo del revelado de la imagen que late oculta, pulsando por salir de la luz, mejor ni lo cuento. Pues los efluvios del mercurio me marean. Por eso siempre fui más amiga de Marte, que del que me toma las temperaturas. Adiós, amigos, adiós, muero presa de los vapores. Víctima de una imagen de plata. Nunca llegaré a ver el gelatino-bromuro. Oh, destino cruel, aciaga vida. ¿Quién escribirá la novela de mi vida? Dama de alta alcurnia fallece en extrañas circunstancias al confundir su laboratorio de daguerrotipia con una consola en la que no halló consuelo. Fotógrafo celoso asesina a su amante, en presencia de su esposa, trepanándola con el canto de una afilada placa de plata. Vieja curandera de oscuro pasado maldice a todo aquél que retiene el tiempo en imágenes por contravenir los designios de la Naturaleza.

¿Quién va a ser el guapo que me obligue a poner un título?

24 enero 

Ah... Por fin un día de buen humor. Voy a terminar suponiendo que las crisis me vienen y se me van (veeeeeete de mí), igual que los catarros: Sin que alcance a saber por qué, ni cómo. Esta vez a sido la de los Treinta. Recién abandonado el trauma provocado por la salida del útero materno y caigo en la autocompasión característica de los nacidos bajo el signo de la Democracia. Ahora he de prepararme para la de los Cuarenta. A ésta le daré un sentido bíblico, para hacerla aún más dramática. Empezaré por sentirme elegida por la Desgracia, erinia persecutora, para finalizar con un resurgimiento que debo aún determinar, pero que sin duda tendrá que ver con La Tierra Prometida. Prometo que será el nombre que otorgaré al Salvador, en plan alegórico. Habré yo también de metaforizarme y no sé aún si en leche, o miel. Manaré, en cualquier caso.

Volveré y sucumbiré a tus encantos.

Acudí dispuesta a sucumbir a sus encantos. Tengo entendido que tales decaimientos no deberían ser premeditados y tal vez por eso me salió el tiro por la culata reventándome el ojo con el que apuntaba, yo, que no sé calcular las distancias. El caso es que terminé inundando mi desengaño amoroso en un par de chupitos de pacharán: el mío y el de Natalia que intentaba, así, consolarme.

Para resarcirme grabé un video terapéutico bailando el chiquichiqui. Nefasto error: al verme caí en la más profunda de las simas, en el más oscuro de los valles. Me repugné un tanto y aún no me he recuperado.

Con el fin de rematar la sucesión de desaires a mi persona, pertrechados por alguna divinidad que me es adversa, terminó la semana con un tipo largilucho y parlanchín explicándome los motivos por los que prefería arrinconar contra la pared a Natalia en vez de a mí. Me hubiera gustado explicarle detenidamente lo aliviada que estaba por no tener que sucumbir a sus encantos, pero hubiera sido en vano. A juzgar por cómo expresó mis múltiples defectos era obvio que me había tomado en serio. 

jueves, marzo 27, 2008

O tempora, o mores...

Hoy me responden un correo electrónico con carcajadas, con un algo así como no seas ceremoniosa, los mails no llevan ni encabezamiento ni despedida. Redicha me llama mi hermano, el pequeño, el que parece una Mafalda peluda. No lo voy a negar: Es cierto, soy algo pomposa, y me pierdo en las ceremonias. ¡Si hasta me gustaban las misas, precedidas de sus rosarios y letanías, con sus consagraciones y oraciones! Yo era de aquellas que entonaba el mea culpa golpeándose el pecho, pensando en San Jerónimo y su León. En alguna ocasión, llegué incluso a lamentar que se dijeran en lengua vernácula y pensaba, regodeándome, cuánto mejoraría todo aquel trampantojo si no entendiera ni papa de lo que dicen, y todas las palabras terminaran en un "um" largo y profundo, sugerente y lángido, como un gemido de satisfación... pax vobiscum... Bien es cierto que todas aquellas sensaciones, regadas de incienso y salpicadas de agua bendita, me producían un extraño y hasta lúbrico placer. Por eso nunca he confesado, hasta ahora, que todo pasó, mis pecaminosos pensamientos. Supongo que las venerables ancianas del lugar y los sacerdtoes revestidos de oropeles no podían sospechar, al verme contrita y genuflexa que en realidad ascendía a un orgasmo blasfemo e irreverente, digno, más del fuego del infierno que de su compasión y orgullo. 
Inocente de mí he aplaudido la nueva tecnología epistolar, creyendo que así se recuperaría el perdido arte de la correspondencia. Esas largas relaciones de Querida Pepa... Por la presente te hago saber.. Confío a mis letras te encuentres recuperada... Mi carta que es feliz pues va a buscaros cuenta os dará... Besa el dorso plácido de su mano a la espera de nuevas nuevas... 
Pero no. Todo lo contrario. Por fin se puede ser burdo sin rubor, obsceno sin pena, escaso de mente sin ridículo. Se admiten faltas de decoro, de ortografía y de todo tipo de manifestación de la más mínima educación.
Soy vieja, me cuelgan los pellejos como las vendas de una momia. Malos tiempos para la lírica. No, no... Ke la lirika aora se kanta a lo rap (perdón por el atrevimiento, sé que ha sido patético, pero no puedo dejar de llorar mi desesperación). 

lunes, marzo 17, 2008

Corre, Forest... corre...

También en Juno hay un tipo (¿de qué me sonará su cara? creo que todos le hemos visto alguna vez, en algún sitio) que no para de correr. Y en Apocalypto, aunque no venga al caso, están, también todo el rato corriendo. Tanto que sale una del cine agotada. 
Ahora quienes corren, quienes huyen de los mayores, son un grupúsculo adolescente extraños (aunque ninguno tanto como Juno).
Resúltase que mi hermano, menor en edad, sobresaliente en todo lo demás, temeroso de embrutecerse,  según asegura,  gracias a su nuevo estatus de de mil eurista, se encuentra rellenando sus estanterías de comics o tebeos, o como cojones se llamen. 
De vez en cuando,  no me pregunten por qué, habla conmigo. Hasta me cuenta chistes. Y yo, que me ilusiono con cualquier cosa, le escucho ávida, intentando, incluso, leer entre líneas. Insiste, luego, en que lea no se qué. Y me lo da. Y yo me lo leo. 
Runaway. O, como diría yo misma, que soy de pueblo, corre pa' llá. Al parecer los vendedores de comics o de tebeos o como cojones se llamen, andan muy preocupados por las ventas. ¿De qué árbol se habrán caído? me pregunto yo, inocente, que siempre he creído, a pies juntillas, que el mérito de los comics o tebeos o como cojones se llamen es, precisamente, que son cosas exquisitas reservadas a minorías igualmente exquisitas (no se me ha notado mucho, pero lo de la exquisitez lo he dicho con un pelín de sorna). 
El caso es que, como los vendedores, americanos, nortamericanos, perdón, de comics o tebeos o como cojones se llamen, han contratado a un tipo que se encarga del marketing, han empezado a querer ampliar sus reducidos grupos de lectores. Y, no se lo pierdan, como resulta que las niñas no leen comics (esto certifica que yo, no debo de ser una niña, pues he pasado aquello que recuerdo como tierna infancia entre Mafaldas y Fuera Bordas, pasando por Crepys perdidos, y zonas 84 encontradosa) están obsesionados con ellas, como Rajoy, vamos. Tienen una niña en la cabeza y quieren que lea comics o tebeos o como cojones se llamen. 
Pero claro, las niñas de ahora, son un pelín góticas (?) y las aventuras de Esther les importan un bledo.
No tengo ni pajolera idea de quién se leerá Runaways. Ni me importa. Sólo diré, que los comics, o tebeos, o como cojones se llamen, se alimentan de sí mismos: Como la televisión. Así, cojones, no hay forma de iniciarse desde cero. Claro, que, no nos engañemos, de una u otra forma todos hemos llegado a saber quién es el Capitan América o Spiderman. De algo nos suenan. Pero no tanto como para saber el nombre de pila del adolescente que acompañaba al del escudo, o los nombres propios de todas las novias del de las telarañas. 
Vamos, que los Runaways me han resultado medianamente entretenidos, pero que me mola más el Paracuellos, Frater, me perdone ud.

miércoles, febrero 20, 2008

Sobre la verdad y la mentira

Ah... qué se pensaban uds. qué realmente iba yo a atreverme a tratar tales temas. Perdonen que se me despliegue, resignada, la sonrisa. 
Una vez me compré un libro que se titula El hombre y la verdad de Zubiri, creyendo inocente de mí, que algo entendería. No logré enterarme de nada. Por ahí debe de seguir mi lapicero feroz (mordido por todos lados) perdido entre sus páginas iniciales, de las que nunca logré salir. 
Recientemente mi padre preguntó por él. No por él mismo, que bien podría ser, sino por el libro. Que dónde estaba. Que quería volver a echarle otro vistazo. ¿Volver? Pero ¡padre! no me diga que se lo ha leído ¿y ha entendido algo? No es que dude yo de las entendederas de mi progenie. Nada más lejos. De hecho, les tengo mucha más confianza que a las mías propias, porque son mucho más grandes y vigorosas. La pregunta no iba con segundas, que no. Que se me escapó sin querer. Me salió de sopetón sin tiempo para retenerla. 
Lo curioso fue que al rostro de mi pater me pareció ver asomar una duda. Una sombra oscura, un leve cargo de conciencia. ¿Por qué no habría de entenderlo? Nubarrones oscuros que pasaron fugaces y se diluyeron para siempre. 
No sé que es la verdad, ni si existe. Me conformo con asumir la mentira como algo cotidiano. Les contaré mi secreto de supervivencia: Suelo decir la verdad cuando quiero que nadie me crea. Habrá a quién le suene duro. Ahora mismo que lo leo, casi me recorre un escalofrío. Pero, quiá, si la pereza es la madre de los vicios, que la costumbre lo sea de las virtudes. Nada como acostumbrarse.
¿Oyen uds. un bolero?

lunes, febrero 11, 2008

BAILÉN (bailen uds.)

Sé que hay gente que a veces me lee. Mayoritariamente por error, al buscar remedios baratos para algo. 
No obstante ha llegado a mis oídos que hay alguien, tan pegado a su nariz como a un retrete (no es incompatible, aunque se sufre mucho), que incluso me ha buscado en la Red. 
Me recrimina, no muy a menudo (con poca insistencia), que no actualizo mis letras. Y mis historias de hastíos le suenan a milonga mal cantada.
Estimado Zanahodia:
Estuve en el Prado. Me hicieron sacar el ordenador y encenderlo, no sé para qué, pero aproveché la ocasión para gritar a los cuatro vientos TENGO UN MACBOOK de trece pulgadas como trece rosas en el paredón, de color blanco, al que la manzanita le brilla con inusitado esplendor. A continuación, excediéndome en el celo, empecé a quitarme la ropa para demostrar que no voy cargada y que tengo las carnes turgentes, pero les pareció mal a aquellos mismos que, sin ningún pudor, delataron el escondrijo de mi Mac.
Para ampliar horizontes me dirigí a la Ampliación, de estrechísimas escaleras mecánicas. Necesitaba con urgencia VER pintura decimonónica: Tanto daguerrotipo, minúsculo y blanquinegro me tenía trastornada. Jesucristo de mi vida, tú que nunca fuiste una niña como yo. Qué alivio. Colores a mansalva y en gran formato. 
Caminandito, caminandito llegué a la sala de las joyas de la historia y allí, querido, estaba La Rendición de Bailén (y Juana la Loca, loca, loca, por duplicado, mandando callar que no despierten al muerto y atravesando Castilla (tan ancha como estrechas son...) con el idem), y la macabra campana del macabro monarca y aquellos que fusilaron en Torrijos, todo dignos y altivos, etc...). Ejemplo del valor aleccionador de la Historia, creadora de patriotas. 
Ahora que "semo´ cidadanos urupeos", y que no deben emocionarnos ni las tisis ni las malasquerencias, sino las tetas y los paraísos, no sé como habrán de mirarse los cuadros, ni la Hisoria. Yo, Walter, tuve que sostenerme las lágrimas y contenerme para no lanzarme en los brazos del primer galán de turno que me mirara furtivamente. Mm... ¿he dicho galán? Quería decir dandy, pecando en ambos casos de cierto anacronismo, no digo que no.
Y así, todita ruborizada me topo con el Desconsuelo de Llimona. 
"Recompónte, ponte Remedios" Y para desintoxicarme me regresé a Velazquez, para tornar por Goya. Pero tanta real familia (REAL y FAMILIA, ni más ni menos), no logró sacarme de mis desvelos.
Y así, estimado, regresé por donde vine y encuéntrome en el mismo punto del que partí.
Confío me siga leyendo, sobre todo cuando no escribo.

jueves, enero 24, 2008

Venga va... No es tan difícil. Cuatro letras, y ya está ¿a caso te crees que hay que pararse a pensar? No mujer, no. No hay tormento que valga. Puedes hasta poner faltas de ortografía. Lo único que no puedes es abandonarte a la inacción. 

miércoles, noviembre 21, 2007

Hoy cumlo 29 años y no hago más que recibir mensajes contradictorios. Estoy confusa. En el curro (o como se llame) me han asegurado que son pocos años (no me fío de esas pécoras, capaces de asegurar la bondad del diablo sólo por agasajarle). Mis colegas del mus, coinciden, y ellas, seguro, que no me mienten (son las mejores tirándose faroles, pero no se cortan un pelo a la hora de advertirme que tengo colgando un moco). Mis amiguitas las pelanduscas me miran con pena, y tuercen la cabeza, mientras me aseguran que aún no tengo treinta. Las que viven en la capital, sin tapujo ninguno me han llamado vieja y ¡pelleja! a la cara.
Y yo, que sigo calentando los tapers de la mía mamma en el micro. Que sigo compartiendo un piso, tan cutre como acojedor. Que aún soy becaria. Que no dejo de emborracharme ningún fin de semana. No sé que pensar. Me atrevería a jurar que aún tengo 18, a juzgar por lo lo juvenil de mi precariedad. Pero el carné no engaña. Pone 1978 y estamos en el 2007.
Por más que la busco no la encuentro, la inspiración. Y sé que esto les pasa a muchos. Algunos intentan paliar tan nefasta ausencia trabajando por aquello de que es así como debe pillarte la musa.

miércoles, octubre 31, 2007

No voy a disculparme, pero llevo un año mintiendo.
Hubo un tiempo en que sí, la afirmación era cierta: Tenía 27 años. Pero de eso hace ya...
El proximo mes, un día de los que le componen, haré 29.
Me he saltado los 28 por vergüenza. Porque no merezco tenerlos.
Ahora camino cavizbaja hacia los treinta que espero sean piadosos con mi infancia, magnánimos con mi adolescencia y displicentes con mi juventud.
Dicen que intentaba juntar las letras, y que a veces le salían palabras. Los más avispados aseguraban que sufría un trastorno en su desarrollo y que no lograría ¡jamás! formar una frase. Hubo quién recordó a los sesudos lo del 31 de octubre del 2003, pero en seguida atajarón su defensa citando la sentencia del Tribunal Supremo que certificó lo casual del acontecimiento. Ella, mientras tanto, ajena a los gritos, seguía jugando con los cubos, de seis caras cada uno, con una letra por flanco. Un anciano, que pasaba por allí, inadvertido, la felicitó por lo bonico de la construcción.
Tengo poco tiempo, se decía así misma, mientras se apretaba el vientre, fuerte, con ambas manos. No voy a llegar, y a su paso: el hedor de la muete, el reguero pestilente del que abandona la vida. Lanzó el brazo para hacer llegar su mano al mecanismo de apertura de la puerta, pomo, lo llamaba su madre, picaporte su padre, nunca se pusieron de acuerdo en nada, pero no pudo ser, en el momento en que aflojó la sujección del vientre, liberóse el intestino de su débil represión. El cuadro resultante... No puedo seguir, no puedo seguir.

jueves, septiembre 20, 2007

Pepito


Y de nuevo… dando vueltas sobre el mismo tema. Y me jode, porque me pongo muy pesadita y desprecio a los pesados. Me abomino pues.
….
El hijo puta de Pepito es un grillo negro como un coño negro y peludo, como un chocho peludo. El hijo de la gran puta es un pesado: nunca se da por eludido. El hijodeputa de Pepito es de la especie cojonera y me tiene mártir.
Pepito me dice que no existe, sino que es parte de mí, y su voz, con mi propio timbre me taladra las falordias, justo dónde la hipófisis pierde su nombre, para pasar a llamarse glándula pituitaria, allá en el occipucio o dónde quiera que more tan esponjoso miembro (de una sociedad a la que no quiere pertenecer).
Pepito no sólo trata de temas morales, como se pudiera creer. Es más, en ese tipo de cuestiones se llama a andanas. No, que va, a él lo que le mola es ensalzar al prójimo y denigrar a la menda lerenda. Veo que Pepito es negro verduzco, con irisaciones de glauco fosforito.
Me gustaría poder presumir de que todo lo humano me es ajeno, sobre todo esos vicios nefandos que llevan al fratricidio, o a acostarse con el marido de la peluquera (que de niño soñaba canciones de moros). Pero nada más lejos de la Verdad, que más que hacernos libres nos precipita al vacío ¡ Ojalá se limitara a envasarnos al idem!

miércoles, septiembre 05, 2007

Pelanduscas...

Quisiera poder hablar abiertamente de quienes me rodean, incluso de mí misma, pues no hago más que circundarme, pero no me atrevo. Será el pudor ¿será respeto?

Así que cambio de sitio las cosas para disimularlas. Y ahora salgo con Las Pelanduscas, paráfrasis poco lograda pero que espero logre mantener mis discretos propósitos.

jueves, julio 12, 2007

Santiago

Antes de encender el cigarrillo siempre lo golpeaba ligeramente sobre el dorso de la mano, como para asentarlo. Luego humedecía ligeramente la boquilla y se entregaba con placer a juguetear con el humo.
Pensaba en Santiago de Compostela haciendo memoria al hilo de las volutas. Procuraba huir de los lugares comunes de peregrinos cansado y de turistas quemados. No, no… Nada de nuncios papales saludando desde la fachada del Obradoiro.
Decidió perderse por alguna rúa o por la Rúa y llegar hasta la Alameda y sentarse junto al manco barbado y, evitando bromear con el acento, decirle ¡qué D.Ramón! ¿nos fumamos un peta?
Pero se dio cuenta de que no era un copito de nieve único en el universo. No era especial y cometería los errores de todos. Siguió fumando como fumaría cualquiera.

miércoles, julio 11, 2007

Misantropía

Padezco una marcada misantropía heredada directamente de mis padres a quienes Dios crió y juntó para separarlos del resto del mundo. También mis hermanos sufren tales rigores aunque cada uno a su modo, como yo misma, intenta eludirlos refugiándose en gentes acogedoras.
A pesar de los esfuerzos por superar el Mal que me aqueja, aflora espontáneamente sin que pueda controlarlo y me tuerce el gesto ante la multitud y sella mis labios a los desconocidos.
Así, cuando, hace años, en la facultad, a algún profesor pusilánime se le revolvía la clase y optaba por continuarla para sí mismo, yo no dudaba en levantarme de mi asiento y acercarme más al gurú a fin de alcanzar a oír alguna de sus palabras. Aquello me granjeaba ciertos desprecios que yo saboreaba desde mi incomprensible vanidad.
Ahora, cuando he de desplazarme, nocturna y alevosa, entre la muchedumbre, miro a las caras de aquellos a quienes rozo con algo de asco, y respondo a sus insultos faciales canturreando la canción que suene: “Tengo para tíiiiiiiiii….”
Quiero volverme minimalista. Nada de barroquismos. Yo me como las plazas mayores de Salamana y las fachadas del Obradoiro. No quiero ser funcional. Sólo quiero no ser. No estar. Desaparecer, como la bruja del norte, al contacto con el agua.
Qué llueva, qué llueva, la Virgen de la Cueva...
La cueva... Sí. Será suficiente. Aquí me quedo.
Esto ya es bastante complicado por sí mismo. Ya me cuesta escribir normalmente como para que ahora la máquina se me tuerza rebelde y no cumpla mis designios.
¿Me escuchas? Soy tu Dios, y si te digo que publiques con mi dedo omnímodo no ha lugar la desobediciencia.
¡Publica! o padecerás los rigores de mi ira¡
Publica! o desaparece para siempre, muere.
¡Publica! porque es mi deseo y no a otra cosa has venido a este mundo sino a satisfacerme.
¡Publica! pública.

martes, julio 10, 2007

L'Hospital

Llega a hospital, todos los días, incluidos los domingos, a eso de las nueve. Camina rápido, casi corriendo, y saluda con la voz alquitranada. Pasa la capilla, atraviesa el pasillo y cruza la puerta de la habitación.
En la silla de ruedas, con el camisón a la virulé, la anciana espera, o no, pues es difícil adivinar su estado de ánimo. Unas palabras que quieren ser reconfortantes y, con suerte, alguna respuesta ininteligible.
El desayuno es frugal, pero la lentitud de la ingesta puede llegar a alargarlo más allá de la media hora. Yogur a cucharadas, poco a poco. La anciana se relame, parece paladear con gusto el saborcillo lácteo. Aunque siempre cabe la duda de si no serán, sus vueltas bucales, sólo fruto del vacío dental.
Le coloca la ropa con mucho cuidado, temiendo, en cada gesto, romperle algo. La bata gris de verano. Arriba este bracito, adentro la manga. Ahora, igual con el otro. Muy bien. El cojín para las piernas envueltas en la manta de cuadros. La chaqueta y la toquilla. El pañuelo, al cuello.
Y a pasear, lentamente.

martes, junio 19, 2007

Soy mi peor enemigo.

Soy mi peor enemigo. Nadie puede hacerme tanto daño. Mi desorden, mi pereza, mi hastío. Mi pereza, mi desorden, mi hastío. Mi hastío, mi pereza mi desorden me hieren y destruyen día, a día. Minuto a minuto me hieren el alma.
¿Cómo combatirme? ¿Cómo encontrar la voluntad perdida?
¿Dónde la perdí?
Tal vez, nunca me fue dada.
¿Quién otorga tal don?
¿Es, acaso, como las virtudes teologales, algo que el Espíritu, Dios, entrega a su antojo?
Sí la voluntad es el secreto, todo se dilucida. No hay misterio.
Voluntad, clama la conmovida casta. Y nadie dirá basta, sino, adelante, a por ella.
Así pues, finalmente, todo depende de la Voluntad, divino tesoro.
Pero no creyendo, como no me ha sido dado, en divinidades ajenas, habré de concluir, religiosamente, que puedo sacarme la Voluntad de debajo de mi manga, cual tahúr.
Lamentablemente este descubrimiento, en vez de dilucidar mi camino lo torna más tortuoso si cabe, pues me carga con el peso de una gran responsabilidad. La responsabilidad de encontrar mi voluntad.
¿Dónde buscarla? Obviamente, sin más rodeos, ha de ser fruto de mi deseo. De dónde no puedo sino deducir que nada me es más difícil que desear. Pedid y se os dará, dice el Señor. Y aquí se me abre un mar de dudas, que no es Rojo piélago que se divide para que holle a pie enjuto, sino vinoso ponto en que me ahogo sin remedio.
¿Qué quiero?
¿Qué querer?
Porque, si, como parece, puedo forjar mi “destino”, permítaseme el desafortunado término, que, sin embargo, dada mis limitaciones, me sirve para entenderme, a mi libre albedrío, sólo en mi mano cabe mi propia fortuna. La Suerte, los Hados, no son sino fruto directo de mi deseo.
Pero, resulta, lo tengo comprobado, que desear no consiste en, como cuando niña, cerrar los ojos muy fuerte e invocar con la mente, e incluso con el verbo susurrante, lo que se anhela. Juegos de infancia que aventuraban, sin embargo, la semilla de nuestra futura salvación desde el convencimiento de la inocencia.
Al parecer, y aún no he podido confirmarlo, el deseo no es sino un objetivo para cuya consecución ha de calibrarse un plan minucioso, ordenado, disciplinado, inteligente.
Y dicho objetivo ha de configurarse según las cualidades dadas, de forma que no se pueda querer lo que no se puede querer. Quien diga que querer es poder ha de tener bien presente que el anhelo debe quedar enmarcado en las capacidades de que se parte. No puede el enano querer alcanzar de un salto la manzana del árbol, ni el gigante dormir en una minúscula gruta.
VOLUNTAD-DESEO-OBJETIVO-CUALIDADES forma el cuarteto apocalíptico que rige mi vida ¿será circunstancia? incluso sin yo saberlo. Y ha de plantearse, justamente, de forma inversa. Primero la cualidad, los talentos, será genética, que Dios-Padre, nos entrega arbitrariamente. Y aquí, la resignación, o la alegría, el conformarse con lo que se tiene. Hay que evitar a toda costa desear a la mujer del vecino. La envidia, ese pecado verde y viscoso que corroe, a decir de los antiguos, al españolito medio. Después el objetivo. Limitado, acorde. Con esto que tengo qué puedo hacer. Y las posibilidades, aún reducidas, aparecen como un haz infinito, miles de rayos que deslumbran. Un transcurso desconocido en el que hay que trazar el camino, caminando. Así, se descubre, andando, que el objetivo meditado, no es sino fruto de nuestro deseo, y se nos pierde el plan entre las manos. Y descubrimos, finalmente, que nuestra voluntad no es nuestra, o, que no podemos controlarla a nuestro antojo, que se pliega a los acontecimientos con que nos topamos, que no parte de la nada, de la tabula rasa, sino que se inscribe en una partitura. No se pueden sacar los pies del tiesto.
A mí, últimamente, me está dando más por la confusión que por la sorpresa. Más que asombro siento continua incomprensión, y no detecto más que contradicciones. Así que mis nuevos descubrimientos no me llenan de gozo sino de zozobra. Y esta inquietud, me es incómoda, pues se adhiere a mi natural indecisión convirtiéndome definitivamente en un fantasma. La protección del escepticismo se va tornando en crueldad. Y, aunque aún tiemblo, de miedo, todo parece apuntar, hacia la definitiva conversión en piedra.
Observad pues, terrícolas, mi transformación, mi particular metamorfosis, cómo la mirada de la Gorgona va a salvarme destruyéndome. Petrificáme, che, porque si no, flotaré en el río.
Corría un año cualquiera de la Era del Señor D. Gato. A juzgar por lo apretado de la temperatura, suponiendo que la temperatura tenga apreturas, sería aquella estación que unos dicen florida y otros taurina, con mentidos robadores y copas, y efebos apolíneos que te escancian bebidas de dioses. Gintonic, por favor. Horas: intempestivas; quitarse el reloj, como arrancarse las gafas, te deja desvalida, abandonada en un mundo borroso y atemporal.
Y así, sobre el cúmulo de nimbos cirrosos, contempló aquello que quedaba. Restos, nada más, de algo, que nunca fue. Las ruinas de una utopía son más tristes si cabe que cualquier desperfecto de lo que fué. De ésto, sacan los arqueólogos entretenimiento, de aquéllo, sólo lágrimas los tontos que creyeron.

lunes, marzo 19, 2007

Hablando sola (ya medio-publicado en otro sitio, creo recordar)

RETRATO

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.
Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
- ya conocéis mi torpe aliño indumentario-,
mas recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.
Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.
Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro la voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.
¿Soy clásico o romántico? no sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.
Converso con el hombre que siempre va conmigo
- quien habla solo espera hablar a Dios un día -;
mi soliloquio es plática con este buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho donde yazgo.
Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.
Antonio Machado
Campos de Castilla (1907-1917)

Siempre me han llamado particularmente la atención estos versos de Machado:
“Converso con el hombre que siempre va conmigo
- quien habla solo espera hablar a Dios un día -;
mi soliloquio es plática con este buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.”

Será porque me preocupa sobremanera hablarme a mí misma.

Recuerdo que, cuándo frecuentaba a las devotas de San Francisco, aquellas dedicadas a la contemplación que querían sumarnos a sus filas, insistían en algo así como “enseñarnos a orar”.
Yo, siempre sumisa, acataba sus normas, y genuflexa en la iglesia me reconcentraba buscando aquello que ellas aseguraban se produciría: la comunión con Dios.
Desde mi supina ignorancia traduje en “hablar con Dios” el objetivo de aquellos extraños ejercicios. Y como nadie me sacara de mi equivocación me puse a hablar ni más ni menos que con la divinidad.
Entonces observé que el mismísimo Dios, de natural tan esquivo, hablaba conmigo con cierta naturalidad. Saltaron las alarmas y dudé de mi extraño privilegio.
Sometí al juicio crítico de un sabio sacerdote, que ha medrado en la jerarquía y seguirá haciéndolo, mis inquietudes.
“Oiga pater que cuando Dios me habla, ud. me perdonará, pero me da la sensación de que soy yo quien se habla a sí misma”
La pregunta es tonta sí, pero, hete aquí que la respuesta no le anda a la zaga: “Claro hijita, es que Dios te habla con tu propia voz, porque si usara otra tú te asustarías”.
No sé si fueron respuestas como esas las que me alejaron de la Iglesia católica, pero reconózcanme, cuando menos, que no demuestran excesivo aprecio a la inteligencia, por limitada que sea, del devoto.
Sea como fuere, adquirí cierta práctica en eso de hablarme a mí misma. No obstante, no lograba satisfacción alguna y me decepcionaba a cada paso, pues únicamente alcanzaba a advertir que soy una pésima interlocutora. Lo único que logré fue caerme mal.
Aún así, por buscarle utilidad al descubrimiento del soliloquio, me dio por traer a las mientes aquello de la mayéutica. Aquello de que toda nuestra sabiduría se encierra en nosotros mismos, siendo sólo necesario “darla a luz”, para que se haga expresa.
Esto sin embargo, asumidos mis torpes contenidos intrínsecos, no hacía sino lacerarme más, pues de tan escasa matriz, raquítico hijo iba a legar al mundo.
Así, me convencí de que hablándome a mí misma no iba a llegar a ninguna parte. Y no es que quisiera llegar a ningún sitio en particular, que ese es mi principal defecto (¿?), pero opté por ver que pasaba si me ponía a hablar con otros que no fueran yo misma.
Por eso no me metí monja de clausura e ingresé en la Universidad. Mantuve la melena intacta y me puse a hacer preguntas tontas, para desesperación de mis circundantes.

En cualquier caso, lo que es obvio es que el monólogo o soliloquio no existe, y que siempre se habla con alguien, aunque sea uno mismo. Siempre hay un receptor, aunque mudo, a quien nos dirigimos. Y Machado, se me antoja, lo dice con claridad:
“Converso con el hombre que siempre va conmigo”
Converso, hablo, me dirijo a…
Lo que siempre me ha costado más comprender es eso de que:
“- quien habla solo espera hablar a Dios un día -;”
Ahora que lo pienso, tal vez se refiera el poeta a esa ansia que tenemos de dar, por fin, un día, con nuestra propia respuesta.
Nos hablamos, y, cuando la cosa está clara, nos contestamos sin dudarlo. Otras veces ni siquiera respondemos, y en la mayoría de los caso nos atronan mil voces confusas como un diablo legión, o apenas alcanzamos a oír un susurro misterioso de sílfide.
Pero… ¿y si a fuerza de práctica, llegara la voz nítida que sustituye al silencio babélico? Sin duda pensaríamos que es el verbo divino, aunque sea sólo, por la sorpresa.
Claro que, según Sócrates, que es humano, para dar con aquella profundidad que albergamos en lo más hondo de nuestras simas, es necesario una comadre que nos extraiga, posiblemente con el mismo dolor que produce un parto, o un cólico al riñón, aquello que con tanto celo reposamos oculto en lo más recóndito de nuestro propio ser.
Así que, finalmente, hablar solo no sirve para nada. Es necesario hablar con los demás, alguno habrá, sea o no conscientemente, que nos lleve al potro de tortura.
Lamentablemente aquél mismo filósofo que iba dando a luz por el mundo también se plantaba en los mercados con la mano tapada, con el único fin de responder a los curiosos que si lo llevaba escondido es porque no quería que se supiera qué había debajo.
Ergo… lo que oculto está, por algo es, oculto debe quedar.
No meneallo.
La curiosidad mató al gato. Le quedan seis vidas más.

¿Qué es un blog? (recogido de otro sitio)

¿Qué es un blog?
Un espacio de lucimiento personal.
Así creo que se publicita: "Publica y comparte con “todo el mundo” tu diario personal."
Pero si un diario es personal ¿A qué viene eso de dárselo a leer a todo quisque?
Se me ocurren dos opciones:
Una. Como digo, por mero prurito de exhibicionismo.
Dos. Con afán de no perderse en uno mismo.
Así me gustaría verlo a mí.
Pero, claro, para eso es necesaria la participación de “otros”. “Los otros”, que para mayor seguridad, con miras al discernimiento, y no a la pérdida de tiempo, conviene que sean conocidos. Gente de confianza, que sepan al menos apreciar el grado exacto de locura, ironía, paranoia, inseguridad, etc. que destilan las palabras escritas.
Y claro, amigos, preocupados por el escribiente, inquietos por sus inquietudes y con voluntad de contribuir a su desarrollo.
Lo tengo comprobado, y no por medio de gnosis, hablarse a uno mismo le vuelve a uno, a una, a mí, a la menda, loca de remate.
Necesito compartir mis palabras, que no puedo llamar pensamientos, por parecerme éstos, aún, quizá para siempre, vedados a mi actividad cerebral, primigenia e infantil.
Necesito, primero, dejarlas escritas para verlas contemplarlas y comprenderlas. Para ver lo que me cuesta decirlas-escribirlas, para ver lo mal que expreso lo que quiero expresar, porque no sé lo que quiero.
Necesito, luego, someterlas al juicio crítico, certero, de mis interlocutores, aparecidos en mi transcurso vital por diversos motivos, pero permanentes, únicamente gracias al afecto, inmerecido pero gratificante, digno del mayor cuidado, del más minucioso mimo.
Por eso dejo escrito esto. Que nadie lee, sino yo cuándo lo escribo.
¿Será mucho exigir?
¿Será demasiado pedir?
No todo el mundo tiene esta necesidad imperiosa que a mí me acucia. Sé de gente que no suelta prenda ni bajo los efectos del más etílico vapor. Gente cercana, a quien nunca logro adivinar siquiera el estado de ánimo.
Y lo siento, lo siento tanto. Porque no sabré actuar cuándo tenga que hacerlo.
No sé hacerlo cuándo se me dice expresamente, ¡como para intervenir por intuición!
Se me ha dicho mil veces. Y lo sé. Dependo de los demás. No de todos.
Hay opiniones y pareceres que me la traen floja.
Pero ¡ay! otros… otros… aún dichos superficialmente, y sin intención… que se me aparecen, no sé por qué, como elementos básicos de mi destino.
“Necesitas la supervisión de un adulto”
“No tienes objetivos”
“No sabes querer a nadie”
“Eres mu’ tonta”
“Deberías dejar de salir con las pilinguis”
“Ya está la que lo sabe todo”
“Eres una cantamañanas”
“Crees que me entiendes pero no te enteras de nada”
A lo peor me estoy mintiendo, una vez más. Me vuelvo a engañar.
¿Será sólo afán de protagonismo mi blog?

viernes, febrero 23, 2007

Divinidad real

“Caga el rey, caga el papa / del cagar nadie se escapa”
(Pintada en la puerta del baño
-era el de chicos, y yo tenía cierta urgencia ineludible-)


Al final, aunque lo haga sobre algodones y oros, aunque pueda mitigar el hedor con perfumes orientales, el rey, como el último de sus vasallos, caga. Y aunque tal cosa sea lo más natural del mundo resulta… humano, demasiado humano: tanto, que llegamos a suponer que Dios (hecho a nuestra imagen y semejanza, pero Dios) no caga. Ni mea. Ni tiene mocos, aunque tenga nariz.
Así pues, la única forma de concebir a su majestad como divina es por medio de las más divinas representaciones. Que venga el pintor de Corte, el escultor de turno, que mi efigie campee convenientemente adecuada por doquier. Y que mi carne sea divisada sólo en el lecho, por las más discretas.
Nada más alejado de la realidad que el Arte: perverso, siempre al servicio del poder, presto a crea imágenes para los fieles. Ah… pero… ¿cuántos son, majestad, los que alcanzan a ver vuestra divina efigie en pintura? Pocos, muy pocos, los demás no importan.
Y llegó la masa, a la que, al parecer, no le gustaban los pasteles… pero eso, es otro cantar.

martes, febrero 13, 2007

¡Qué fastidio!

Me fastidia tener la psicología tan trastornada, tan poco adecuada para nada (¿o es para todo?). Porque (suponiendo que se puedan empezar las frases así) me dificulta la vida. Y me temo que se la hace más difícil a los demás.
Ahora que, después de verles el cogote durante semanas a un montón de bachilleres talludos, voy, ¡por fin? a enfrentarme a ellos, me entran los escrúpulos y el cargo de conciencia. Es normal: Voy a cometer todas las tropelías contra las que siempre he despotricado con encono.
Y me jode... ¡qué fastidio!
A esto se le pueden añadir unos toques de miles de menudencias más que magnifico para que todo el mundo me sonría y divertido me diga aquello de ¡qué exagerada eres! Prefiero que se rían sí, pero no deja de fastidiarme, también, cómo eluden así mis increpaciones. Oyes... que te estoy insultando, y ni se enterán. Y todo por exagerar un poquillo ¡Qué fastidio!
El caso es que estoy de un iracundo... que me parece que voy a partir la boca al primero que me la ponga a huevo.

martes, octubre 31, 2006

NOTA A LOS VINCULADOS

Estimados señores vinculados. Me he tomado la libertad de incluirles en un click en este deleznable cúmulo de mí misma, confiando en que no les moleste demasiado. Lo hago para sentirme arropada, conectada, ya saben, como formando parte de algo, para dar satisfacción al gregarismo humano que, al decir de algunos, nos late junto a las pulsiones sexuales desde la noche de los tiempos.
Por supuesto si supusiera un problema les ruego me lo comuniquen ipso facto para ponerle remedio. Remedios.

lunes, octubre 23, 2006

Citando a Krahe

Antes de ser cantor mis historias de Amor eran casi secretas
pero luego el azar que me puso a cantar me llevó a publicar...
mis zozobras completas.

Remedios baratos...

Remedios no tienen remedio. Ni sabe remendar barcos. Remedios no tiene remedios baratos. Una pena esta Remedios. A veces... dan ganas de ampararla, cuando corre bajo la lluvia bajo mil bártulos inservibles. Pero ¿a dónde va tan cargada?. Remedios, le gritaría yo, ven que tengo paraguas. Pero ella no se da cuenta, o hace que no se da cuenta.
He oído decir, que es una desagradecida, y aunque no me gusta fiarme de los rumores he de confesar que, esta vez, algo me han influído. No me atrevo a invitarla a un café, por lo que pudiera pasar. Un desaire o, aún peor, una conversación aburrida.
Pero... da tanta pena. Mal sentimiento éste, que esconde el desprecio más injusto. Un saludo Remedios, le grité un día. Y me lo devolvió automáticamente, sin reconocerme.

domingo, octubre 22, 2006

De un tiempo a esta parte vengo preguntándome si el caos es preciso o precioso.

Si lo primero, imagino el Universo como una inmensa maquinaria de ruedas dentadas y a Dios, en vez de arquitecto, relojero serio, con aristocrático monóculo. Sólo Él comprende el funcionamiento de tan misteriosos engranajes. Y como es más suyo que Felipe II, y se niega a delegar, se pasa el infinito trabajando, sin vacaciones ni fines de semana, velando porque no cese el tic tac moribundo de la bomba. Para que luego le vengan los jovenzuelos de ahora protestando por la precariedad laboral.

Si precioso fuere, se me asemeja a un gran cofre a lomos de un dromedario, camino a la corte del Rey David, donde la Reina de Saba va a desplegar su contenido cegador ante los ojos del que fuera pastorcillo antaño y ahora lírico cantor. Y tanto es el brillo y esplendor, tan hirientes sus destellos, que es imposible verlo, ni tocarlo. Así pues, sólo se puede ignorar, pues si se entretuviera uno en intentar dilucidar su magnitud quemaría su retina. Un tesoro invisible. Siempre presente.

Ah... el misterio... qué maravillosa excusa.

Llueve

Llueve al otro lado del escaparate. Llueve, llueve y llueve. No para. Unas veces algo quedo, en plan chirimiri, en plan orvallo, según se quiera. Otras, parece que fuera a entrar el mismísimo Noe, empapado y angustiado ¡me falta una pareja de ácaros, por favor, sacuda la alfombra!. Cuando amaina un poco, salgo a fumarme un piti, al umbral de la puerta, un pie fuera, el otro dentro, tanta es mi dependencia. Pena de tabaquismo. Y ni el coloso de Rodas tuviera tal apostura.
Y veo pasar a una señora apurada, rauda. Lleva un paraguas rojo con siluetas en negro de perros y gatos esparcidas y una leyenda que me trae mil y un recuerdos, uno por cada noche "It's rainnig cats and dogs"...
¿Dóne cojones está el convento de los trinitarios?

sábado, octubre 21, 2006

Me debato entre la timidez y el exhibicionismo, como aquél que no sabe qué ropa ponerse en el entretiempo. Porque nunca se acierta. Nunca se saca el paraguas cuándo llueve, ni la bufanda cuando hace frío. Así, yo, hablo cuando debo callar y enmudezco cuando bien estaría que dijera algo.
Ayer recibí la crítica acertadísima de un buen colega a mis atentados literarios. No falló ni una, acertó en en todo. Y aunque disiento en algunas de sus conclusiones, me he visto gratamente sorprendida por su agudeza y seriedad. Porque claro, se los dí a leer pensando que se los tomaría a broma... pero no. Los ha analizado y, aunque someramente, con certeza.
Desde los veinticinco años me siento vieja para cambiar. Y desde entonces, precisamente, es cuándo más inexcusable se aparece la vuelta de tuerca que me permita ponerme bocaabajoabocajarro.
El problema es el de siempre. Cortedad de mente...

domingo, octubre 15, 2006

Los peregrinos traen el olor del Camino. Sudor y frío. Polvo y árboles. Asfalto y bosques.
No dejo de sorprenderme. Empiezo diciendo algo, y termino explicando lo contrario. ¿Dónde el orden expositivo, dónde la claridad, dónde la jerarquización de las ideas? Cuánta imposición académica desperdiciada, cuántos maestros frustados. Para andar, decían, hay que dar pasitos, poco a poco. Orden, señores, y claridad.
A veces, según rachas, me paso el día pensando qué voy a escribir. Sea para mis bitácoras, sea con la esperanza de ganar algún premio de relato breve con el que justificar mi desvergüenza literaria. Esta misma mañana, de camino al Hospital, mientras esquivaba las heces de la parranda nocturna de los demás, iba cavilando sobre lo mucho que pienso en escribir y lo poco que escribo. Será que mis inicios en la elaboración de trabajos académicos, tan arduos y lamentables me han acendrado el sentido del pudor. Cuánto cuesta decir lo que se quiere . Y esto partiendo de que se tenga algo que decir.
Obviamente eso es lo primero. Según mi hermano, ya no hay nada que decir, y así, invalida cualquier nuevo intento literario. Porque, volver a decir lo de siempre, aunque sea de otra manera no es sino signo de decadencia, manierismos sin sentido, anuncio de la caída del imperio.
Yo coincidiría con él si no hubiera comprobado en mis propias carnes que ponerse a decir algo genera pensamiento. Por tanto, guardar silencio, por vergüenza o pudor, le deja a uno con el encefalograma plano.
Bien, vale, no tengo nada que decir, pero si empiezo a balbucir, torpemente, causando las iras de mis interlocutores, podré ir forjando las palabras, las frases, ir descubriendo ¡por fin! lo que sé y lo que no sé, lo que sé mal, lo que apenas sé, lo que ni siquiera atisbo y lo que, quién sabe por qué, comprendo perfectametne, de forma natural, como por arte de magia o de la genética.
Dicen que a la hora de aprender la forma más eficaz es ensañando. Parece una contradicción pero visto con detenimiento encaja sin duda. La lectura mental es un leve baño de conocimiento, la declamación una ducha profunda y la conversación el mejor de los balnearios.
Y he ahí el problema. Se necesita, por lo menos, a otra persona para aprender. Y, no nos engañemos, los demás son siempre un conflicto para nosotros mismos. No habría por qué darle mayor dramatismo al asunto si se sabe nadar en el enfrentamiento continuo. Vivan las discusiones.
Pero... qué pereza discutir. Es tan cómodo, de nuevo, no abrir la boca, dejar que digan lo que quieran, sin intervenir, para qué, si te vas a enzarza en mil explicaciones que te exigen el máximo de tus fuerzas.
Está claro que no soy nada constante y que no relleno a diario, como quisiera, las páginas de mi bitácora. No es pereza, en este caso, sino verguenza ante los estragos de la perdurabilidad de la letra escrita. Las voces vuelan y se evaporan, y aunque en esta vorágine de anónimos plañideros que es la Red, también las letras tienden a perderse siempre, existe la posibilidad de que se queden enganchadas en alguna ramita de bit, y alguien pueda echárnoslas en cara, de nuevo: Mira lo que escribiste, mira.
Sin duda esta obsesión por el legado textual que uno deja tras de sí es algo trasnochada. Un adolescente epiléptico de jugar a la Play Station no comprenderá jamás mis angustias. Pero ¿y mi comprades de edad, de veinte cerca de los treinta?. Tal vez tampoco. Tanto degutar lo placeres del pasado me he envejecido prematuramente. O, más bien, me he vuelto intempestiva, siempre mal colocada en el espcio-tiempo.
Obviamente, alguién me habrá trasladado a mí estas manías ¿Estará tal persona e consonancia con los tiempo, con los suyos? Y si lo está, entonces, ¿lo estoy yo también? Cada uno de nosotros es el universo paralelo de los demas. Somos lineas que nunca convergen. ¿Será estúpido entonces pensar en la existencia de seres afines? Mecachis....

jueves, octubre 05, 2006

Cada dos por tres me estoy enamorando. Y es agotador. No crean que esta propensión mía es fácil de llevar ni que tiene menos sufrimiento por serme habitual. Que no... que no... que es de gravedad insostenible. Gracias a Dios, me da por el platonismo, lo que me ahorra tiempo. Así, puedo ver la televisión y preparar la comida (eso a lo que yo llamo comida) mientras oigo música celestial, tronos y querubes a ritmo de jazz. O ir en en el autobús urbano y mientras veo los arbolitos pasar imaginarme al objeto de mis desvelos entre los aires de otoño que mecen las ramas. Todo me queda pasteloso pero me permite hacer varias cosas a la vez, siempre presente con casa asístole, en cada diástole, el ser de mis suspiros. Y, además, me da cierto toque risueño que si bien a muchos incomoda, a otros desagrada, y la mayoría ignora, alguno hay a quien alegra el día.

miércoles, octubre 04, 2006

No sé. Mis intenciones eran buenas al pincipio. Pero ahora he vuelto a perder el Norte. El por qué, el para qué de materia espiritual. Andar en pelotas con el frío que hace, bien lejos de cualquier emisor calorífico, son ganas de pillar los siete males. Siete plagas, Señor, enviaste sobre Egipto, tierra que manaba leche y miel, que no hacía falta perder el tiempo buscando otra, siete, Señor, siete, como siete novias para siete hermanos y ninguna de gripe.

lunes, octubre 02, 2006

GRACIAS POR FUMAR.

Comedia cáustica que quiere desentrañar la hipocresía de la sociedad norteamericana, y por ende, de nuestro querido occidente, tan en ocaso, aunque con una cierta moralina de corte paterno-filial.
Un tipo, guapo, locuaz, capaz de convencer a la Madre Teresa de Calcuta de que debe cagarse en el papa. Tan persuasivo que asusta, tan encantador que da miedo. El mismísimo diablo a quien venderías tu alma, qué digo, a quién pagarías gustosamente porque te condenara al suplicio eterno. Todo él al servicio de las grandes tabacaleras en el momento que organismos estatales y demás hermanitas de la caridad abogan por la salud del respetable.
Un yupie sin escrúpulos que, sin embargo, tiene razón. Es lo “malo” de la libertad. Es lo “malo” del raciocinio.
Personajes deleznables a mi modo de ver, de camisas planchadas, en la cresta de la ola, con quienes has de comulgar ante la evidencia. Mientras que los desarrapados, que normalmente deberían despertar tus simpatías, aparecen de carne y hueso, materialistas.
El director se atreve a decirnos a la cara que somos, quienes como yo tendemos a abominar de las corbatas y adorar al probriño, unos esnobistas sin criterio sostenible. Bravo.
Un ataque mordaz contra la hipocresía. Aunque la dureza “canallesca” de la película parece perder algo de fuerza ante la relación del protagonista con su hijo, por quién, aunque con matices, realiza un último gesto heroico: el de salir del lodo (che).
Visualmente tiene recursos que ya han empleado otros filmes con temática similar. Recuerda algo, salvando las distancias, a American Beauty y un poquito menos, aunque la intención sea pareja a American Psico y El Club de la Lucha. Un narrador, voz en off, que detiene el metraje de vez en cuando para mostrar estampas edulcoradas, burla del sistema visual característico del marketing televisivo.
Invita, pues, a una reflexión, tan profunda como se quiera, acerca de nuestros valores samaritanos. Lo hace decapitando los argumentos paternalistas de los adalides de la salud, pero bien puede particularizarse y hablar directamente a nuestros propios principios personales. Por eso me gusta, porque me desmonta, me trastorna, me cuestiona. Supongo que no es una gran película. Es americana (je). Pero yo se la pondría en clase a todos los adolescentes, para que se caguen de verdad, con motivos, en el mundo de sus padres y no reaccionen automáticamente ebrios de calimocho (o lo que quiera que sea que beban ahora), sin saber contra qué coño se están pegando. Aunque, qué idiota soy, no son tiempos de mayos de amor libre. Joder, qué ilusa.
Miren, ya le he visto el mensaje a la película. Y no es, en absoluto, baladí. Razónese y arguméntese. Todo es defendible. Nada de pataletas violentas irracionales. Convénzame.

miércoles, septiembre 20, 2006

Escribo fragmentadamente, como veo la televisión, como escucho música. Y reitero, repito, reincido, hasta la saciedad. No sé poner las comas. No hilvano el discurso.
Para mí, las frases son piezas de un puzzle informe, que yuxtapongo sin que encajen. Una detrás de otra, sin tocarse. Signo de los tiempos. Las Señoritas de Avignon. Pero llega la época de las Redes y es preciso volver a tejer la malla del mundo. Lo hemos roto, desestructurado. Ahora hay que montarlo de nuevo.
Y aquí el problema de los conectores, esas partículas-nudos que atan unas frases a otras. Conjunciones, expresiones que supeditan unos pensamientos a otros. Nada debe quedar fuera.
Es preocupante. Creí que era concisa, que recurría a las elipsis con plena conciencia cuando, al parecer, en realidad, simplemente acumulo los datos con mayor o menor orden. Grave error. Preclaro síntoma de una enfermedad que espero curable (¡Con lo que me gusta estar enferma!).
Causa y efecto. Todo hecho es producido y provoca a su vez otro fenómeno. ¿Puedo cuestionarlo? ¿No lo ha hecho ya la filosofía? ¿O ha hecho todo lo contrario?. Debería prohibírseme el escepticismo. No estoy preparada para el pensamiento crítico. No ordeno mis ideas. Estoy sometida a una continua tormenta. Porque el orden me es odioso. ¿Por qué el orden me es odioso?. Posiblemente (¡sin duda!) porque exige un esfuerzo, y soy perezosa. Eso soy. Esa es mi esencia. Habrá quienes tengan alma. Habrá quienes estén poseídos por la maldad. Yo, despojada, soy la Pereza.

lunes, septiembre 18, 2006

Salvador (Puich Antic)

Pensé que iba a ser una película política, de esas que tanto me fastidian porque suelen ser malas películas y peor política. Aborrezco la política, incluso la “buena” (suponiendo que tal cosa exista). Pero C. me ha insistido y, como siempre, no me apetecía trabajar.
Yo no sé nada de cine pero lo veo con gusto, como leo novelas y poesía o escucho música. Y me gusta compartir mi opinión no porque tenga ningún valor, ni quiera imponerla, o simplemente ostentarla presumida, sino porque deseo perfilarla al hilo de las demás. Me es muy grato cambiar de parecer tras una buena tertulia, bien regada de caldos exquisitos que sueltan la lengua y pegan los párpados.
Una vez más he vuelto a aguantar el llanto. Me lo he comido con patatas, con todo el dolor de mi garganta y vacío en el corazón. El pudor vence a la necesidad de dejarse ir. Lo pagaré caro. El día del Juicio Final Dios se descojonará de todas las lágrimas que no he vertido, y San Pedro me dará una sonora coñeja por imbécil.
Al principio todo transcurría según lo sospechado. Jóvenes rebeldes que luchan contra la tiranía. Discurso loable, que justifica cierta violencia, y que a mí suele desagradarme. Por eso nunca me atrevo a decir abiertamente que soy de izquierdas. Porque para el tipo con rastas que me increpa, y cuyo comportamiento me resulta tan deleznable como el del pijo que empotra a una pava contra la pared al otro lado del bar soy, por lo menos, floja, tibia. Qué digo, si no tengo ideales.
Pero todo cambia cuándo llega el momento del juicio y la sentencia. De muerte. En ese momento la película sabe plasmar la angustia, la esperanza, la desazón, la injusticia, la templanza, los lazos de afecto, de forma magistral. Es efectiva y no sé si efectista.
A mí, no me gusta que me toquen la fibra sensible. Me parece un recurso fácil de manipulación. Provocar pena, indignación, ira o cualquiera otro de los más bajos instintos es la manera más fácil de llevarse el gato al agua. Aunque en este caso, en esta película, no me parece que se ponga, finalmente, al servicio de una idea política, que sin embargo, no nos engañemos, subyace, inquebrantable, como no puede ser de otra forma. Y bien está. Pero lo que se destaca, lo que realmente importa es el drama personal, que no sólo afecta al reo. Tal vez ese sea el gran mensaje, la persona, la persona, la persona. Ese preso que juega al baloncesto con el funcionario de prisiones y le explica que la dislexia no es más que una forma diferente de pensar, que no es grave, que con la aplicación de las técnicas adecuadas se puede llegar a leer sin ningún problema.
Ese muchacho, con la cara juvenil e inocente de DANIEL BRUHL, con el pliegue de sus labios, con sus pómulos tensos en expresión risueña, con sus ojos, negros de mirada intensa, con su flequillo sobre la frente, no merece la suerte que le ha tocado. Porque ni es suerte, ni le ha llegado por casualidad. Su mala fortuna es fruto de una máquina agónica que se defiende panza arriba y laza sin criterio su estertóreo zarpazo. Y eso es injusto. Mucho. Indigna. Nadie debería pasar por aquel trance, en el que se mezclan la humillación, la incomprensión, la espera, la esperanza. Es otro gran alegato fílmico contra la pena de muerte y contra la tiranía. Parece mentira que todavía estén vigentes estos gritos iracundos. Aunque en nuestro país, gracias a Dios, o a quién proceda, estén destinados a sanar heridas viejas, pero sin cicatrizar.
Intensos primeros planos, cálidos abrazos en los que se transmite el tacto de un raído jersey. Y la voz suave, de exótico acento a mis duros oídos, de entereza inusitada.
Por supuesto, la nota cañí en la España de pandereta. El terrible garrote vil, ingenio maléfico en manos de un verdugo que recuerda al de Berlanga y que en el momento de mayor tensión produce cierta sonrisa. Alguna carcajada se ha llegado a oír en la sala del cine.
No es un panfleto político, aunque podría serlo. No es sentimentaloide. Me parece irregular, siendo lo mejor, como ya he dicho, la parte de la sentencia y muerte.
Al final hay un apéndice esperanzador, que quiere dar sentido a los padecimientos del mártir. Bien para quien crea que tales cosas pueden servir.

domingo, septiembre 17, 2006

Y tú... ¿de qué pie cojeas?

Yo es que soy omnímodo, me lo como todo. Lo que eres es gilipollas, y un glotón. ¿Por qué me insultas?. Porque te lo mereces. ¿Por qué?. Por hacer preguntas estúpidas y no saber lo que significan las palabras. A tí lo que te pasa es que además de torti eres frígida. Soy un dechado de virtudes. Puta. Hijo de puta. Hija de la gran puta. Me cago en la puta Virgen. Eso, seguro que además eres virgen. Virgencita, virgencita que me quede como estoy, y este a mi sólo deseo, desaparezca. Quédate. Me voy. Que sí, quedate. Qué pesado, qué me voy. ¿Por qué?. Porque me da la gana. Pues vaya una gana que tienes, que te domina. Es que también soy sumisa. Pues entonces obedéceme. Sumisa, no masoquista. Pliégate a mi voluntad. Tu voluntad es voluble, y mi tolerancia a los pliegos limitada.

jueves, septiembre 14, 2006

Lloró desconsolada ante aquél cúmulo informe de papeles que sostenían todos sus recuerdos ahora dispuestos para la incineración.
Los guardó cuidadosamente largo tiempo, con el cariño de quién deja un legado, para los demás, para que alguien, algún día, cuándo ella no estuviera, pudiera disfrutarlo.
En realidad, los acumuló avara, pesando que siempre podrían serle útiles.
En el fondo, no eran más que fruto de su eterna tendencia a la postergación.
Y ahora debía aniquilarlos.
Tantos esfuerzos durante tantos años.
Para nada.
Para que, convertidos en humo, dejaran de existir, y punto.
Tal vez, pensó, nunca debieron existir.
O tal vez, lo que de ellos haya quedado en mí, es lo único que vale.
Seguramente no son más que un soporte pasajero. Sí. Son de usar y tirar.
Se dijo, hay que tirarlos.
Y los quemó, con lágrimas en los ojos, con la angustia en el corazón por los recuerdos que ya no volvería sin el médium que los propiciara.
Lloró porque la mayoría no habían dejado ningún poso en ella.
Los acumulaba con la pasión del desmemoriado.
Tal vez carecía de memoria porque se la había confiado aquellos papeles.
Ella, que nunca hizo una chuleta para un examen. Ella que sólo aprendió de memoria para los exámenes.
Le dijo a la vecina que lloraba por el humo.
Tal vez, deba quemar toda la casa, se dijo. Ya puestos.
Y vagar eternamente como el Judío Errante, como Caín.
Sabía que entre el pensamiento y la ejecución había un trecho muy grande. Llevaba toda la vida pensando cosas que nunca realizaba, pero, esta vez, el abismo no era más que una delgadísima línea impermeable.
Si quemaba la casa, y luego se quemaba a sí misma, en un descuido, se confirmaría que estaba loca. Ya no habría más dudas.
El hogar paterno, deshabitado. Y ella sola. Nadie le echaría de menos.
La vecina. Mierda de vecina. No puedo quemar la casa. Mierda de vecina.

viernes, septiembre 08, 2006

La entrada número trece.

Igual que hubo un guerrero número trece, que no fue Judas, el traidor, hay una entrada número trece. ¿Significa esto que se haya regresado hasta doce veces y se cumpla, por fin, la decimotercera? ¿O será que nuestra calvicie ya nos clarea en demasía?
Me pregunto si habiendo llegado hasta aquí, tras tan breve discurrir, habré de pararme a pensar. Buscar un recodo en el camino en el que aposentarme y reflexionar, queda, profunda, sobervia y autocomplaciente.
O si este número de mal agüero quiere depararme algún mal, llevarme a la perdición de mano de la red de redes. Red de telaraña que me envuelve y envenenta, que me inmoviliza cuanto mas me muevo.
Van a pasar la fregona, y he de retirarme de mi puesto. ¿Será una señal?

martes, septiembre 05, 2006

Estoy empezando a preocuparme. Nunca he sido partidaria de tales verbos reflexivos, por afectarle a una, no por pensantes, pero... snif... snif... algo me huele mal en la cocina.
Llegaron las bitácoras y con ellas: "La opinión de todo el mundo".
El principio de Autoridad murió mucho antes, y ahora se desbanda la manada. Cualquiera puede hablar sobre cualquier cosa.
Yo... podría hablar de integrales, por ejemplo, que son unos biscotes hediondos con hediondas conecuencias. Joder... qué mierda... (perdón).
Y si no es opinión es melodramón.
Me lo expliquen.
"Me repite la preguntaaaaaa..."

sábado, septiembre 02, 2006

He renunciado al sueño, en busca de un rendimiento perdido que ahora, sí, o mejor dicho, NO, no... ya no será recuperable.
Pasar la noche en vela me resulta más excitante que productivo. Me contemplo desde arriba, agazapada frente al ordenador, la pantalla parpadeante, fumando y meneando papeles de un lugar a otro. Y eso es todo lo que hago. Así que llega el día, y lo único que he hecho ha sido fumar y mover papeles de un lado al otro. Y ni siquiera soy capaz de sentirme mal, porque creo haber trabajado.
Ya son varias las noches de sueño que me he saltado. Creo que Tayler llama a mi puerta. Ah... grito, gritito, Mr. Pitt, no se corte hombre, y deme una buena paliza. Déjeme algo de hueco para que pueda responder a mi vez y quedaremos en paz.
Tan en Paz. Paz. ¿Qué será eso?
Me pregunto... ¿Habré en mi vida, alguna vez "escuchado" el silencio?
Me bulle la mente, mientras dormito.

viernes, agosto 25, 2006

¿Cómo dices que salió?

Salió de la casa desnuda, herida por la locura del encierro, sin conciencia de la realidad. Hundió la cabeza en el primer vómito nocturno que encontró, pero no logró ahogarse. Se arrancaba a puños los cabellos de la cabeza y lloraba y gritaba y enrojecía de cólera mientras los viandantes, atemorizados, esquivaban sus amenazas.
Llegaron los municipales.

¿Qué dices que quería?

Quería morirse y no dejaba de imaginar mil formas de suicidarse, de matarse a sí misma, de hacer, por fin, algo decente con la vida, esa misma que no había solicitado o que si pidió, obviamente, lo hizo desde la inconsciencia, como todo lo que había hecho hasta entonces.
Quería matarse y se imaginaba mil formas de tortura previa, pues en su país, en su democracia de burdel, conseguir un arma de fuego expeditiva era muy difícil y costoso, no merecía la pena.
Lamentablemente no podía lanzarse al vacío, ni cortarse las venas, ni tirarse al río, ni ahorcarse, ni ninguna de las otras formas de rigor, porque estaba segura de que en el último momento iba a arrepentirse, tan voluble era.
Así que no sabía cómo desaparecer. Pensó, de aquella forma reincidente y torpe que ella consideraba actividad cerebral por ser la única que le runruneaba en derredor pero que en realidad no alcanzaba el rigor sináptico requerido, pensó que si se dejaba llevar por el hastío tal vez lograría morir de hambre, o de asco o de simple aburrimiento, de tal forma que si perfeccionaba su apatía no habría vuelta atrás pues caería en el firme convencimiento cínico de que no hacer nada era la mejor de las opciones.
Se acurrucó en la cama, desnuda, y no volvió a salir jamás.

El genio de la lámpara

Cuenta la leyenda que Nobel no instituyó un premio para las Matemáticas porque su chorba le dejó por un pitagorín. Pero claro, los números no iban a ser menos que las letras ¿cuándo se ha visto tal cosa? y, al parecer, existe un galardón equivalente sólo para las mates. Este año, se lo han concedido a un tipo ruso, cuya pésima imagen divulgan sin pudor los medios de comunicación, por haber desentrañado no se qué de no se quién. Una cosa muy chunga y muy difícil, que sin embargo, debe de ser, para algunos la mar de entretenida. Y hete aquí que el tipo en cuestión, extravagante él, lo ha rechazado displicente, porque, según dice, no se siente parte de la “comunidad científica”. Muerte al corporativismo y a las redes clientelares. A mí estos actos de rebeldía siempre me han enternecido. Un buen corte de mangas a tiempo y dan ganas de reconciliarse con la condición humana, que aún tiene especimenes desvinculados del gran burdel de la “zoociedad” que diría mi idolatrada Mafalda.
He oído en el telediario que el tipo daba clases en la universidad y que como toda la peña empezaba a atosigarle por sus grandes descubrimientos se ha exiliado a un piso cochambroso desde el que publica, supongo que desinteresadamente, sus descubrimientos por internet. Al parecer su mundo se reduce a las Matemáticas y no logra concebirlas como un medio lucrativo. Peculiar que nos ha salido el colega.
Y a mí, esto de dar conocimiento de forma gratuita, me conmueve hasta las cachas. Porque da buenos resultados, como Linux, que se ha ido forjando con las aportaciones de un montón de friquis apasionados por lo que hacen y no haciendo cosas para sacar pasta gansa (o simplemente la necesaria para subsistir). Pero luego, como no concibo la felicidad más allá de una leve ráfaga pasajera, he querido desilusionarme y he empezado a pensar que seguro que el genio de las matemáticas es un tipo insoportable, invivible.
A veces, creo, he coincidido con algún genio, con uno de esos seres excepcionales cuyo reino no es de este mundo, o cuyo mundo, no es reino sino república de las ciencias. Y, en efecto, me son nocivos para la salud. No está sujetos a las normas básicas que empleamos los mortales para relacionarnos, como pedir las cosas por favor y dar las gracias por las dádivas. Y eso, resulta chocante. Además suelen plegar su entorno inmediato a sus concepciones, no asumiendo ninguna otra posibilidad por antojárseles siempre pobre, insuficiente, digna de erradicación.
A mí, que soy simple, me repugna ese comportamiento, aunque me limito a disimularlo y reirle las gracietas al superhombre/supermujer de turno. Es un problema grave, este que me aqueja, y que procuro eliminar con muy poco éxito, pues me vence la vanidad. No logro reprimir el típico “qué se habrá creído”, y supuro mala bilis por doquier. Sigo con mis prácticas de epicureismo en pos de la ataraxia, pero en cuanto se me cruza un genio por la mirada perdida, se me jode la terapia.
Envidia sin duda, que es lo que les pasa a todos los grandes, y que, además, es deporte nacional de la piel de toro.

En la carpeta...

En la carpeta “Mis documentos” hay otra titulada “mis cosas” destinada a disimular, entre los documuentos de apariencia importante, otros de carácter más personal. Son mis devaneos pseudoliterarios y otras rarezas con que me retrato sobre el lienzo podrido de Dorian Grey, pero sin belleza que mostrar a cambio. En ella acumulo sin orden ni concierto textos varios con los más variados destinos. Desde responder alguna carta, casi nunca tórrida, hasta cuentos y relatos cortos, la mayoría a medio terminar o siempre dispuestos para la continua revisión. Soy la reina de la procrastinación, palabra con la que gusto procrastinar el cielo que está procrastinado hasta que algún desprocrastinador hábil sepa desprocrastinarlo. Así que no es raro, en aquél cajón de sastre, tener otro desastrado cajón en el que acumulo notas sueltas. Notas que, siguiendo algún consejo rescatado del aire, ha de tomar todo buen aspirante a la plasmación del mundo en blanco sobre negro, o en rosa palo sobre verde pistacho. Normalmente las acumulo sin más, evitando que puedan ser de la más mínima utilidad, pues se ve que la conseja rescatada no lo fue del todo, y no me llegó la onda sobre qué hacer con las dichosas. Eso sí. Cuándo aburrida me da por releerlas, encuentro todo tipo de sensaciones. Desde la vergüenza, hasta la nostalgia, pasando por las ansias o el mero entretenimiento. Casi siempre sorpresa, por no recordar qué motivó el ripio. Nunca inspiración para algo de provecho.