martes, enero 13, 2009
lunes, enero 12, 2009
miércoles, diciembre 24, 2008
Los leones de Bagdad
Los leones de Bagdad, [Barcelona], Planeta de Agostini, 2007
Si alguno de ustedes guiado por el renombre del guionista “... uno de los autore de novelas gráficas estadounidenses más aclamados por la crítica... “ que “... ha demostrado comprender el precio de la supervivencia y los matices políticos del mundo moderno...” (ahí es nada), o llevado por lo sugestivo del tema “inspirado en hechos reales. Una visión inquietantemente original de la vida en las calles de Bagdad durante la guerra de Irak”, piensa en hacerse con la obra y disfrutarla, y le jode que le destripen la trama, pare de leer.
Porque yo no pienso cortarme un pelo.
Sí. Va de leones. Con un dibujo que deja ver los trazos, pseudoabocetado, que no por realista resta capacidad de expresión a los animalicos en cuestión. Nada nuevo bajo el sol. Recuérdese El Rey León, de Walt Disney, dibujo animado que ya logra este efecto, y júzguese en consecuencia.
Va de leones y otros animales que hablan entre sí. Se relacionan como seres humanos. Hay un cachorrito iluso y tierno, un León algo cínico, una leona idealista y otra, anciana experimentada, desencantada de la vida. Un cuarteto algo infantiloide a primera vista. Pero es que es difícil sustraerse de la larga sombra de la producción de Disney, que tanto daño ha hecho a nuestros reblandecidos cerebros.
Tiempo al tiempo y pronto aparecerán rasgos de cierta originalidad sustentados en referencias claramente adultas. Cuando la vieja Safa recuerda sus tiempos en la selva en prueba del bienestar que proporciona el Zoológico, acude la tormentosa imagen de una violación. No sé si a las leonas se las puede violar, pero puedo asegurarles que en este caso se asiste a la escena con el asco y la impotencia que proyecta el acto humano. Igualmente cuando la guerrillera Noor requiere al macho de la manada Zill para que “la tome”, acto marcadamente animal, la figuración es la de una pelandusca con ganas de guerra a la que el varón rampante no puede dejar de satisfacer. Atendiendo a que también para la descripción de toda la gama de actos amorosos recurrimos habitualmente a metáforas animales, comprendemos sin grandes esfuerzos la escena.
Por lo demás, nuestros héroes, cada uno dentro de un rol marcadamente clásico, lucirá sus caracteres con elegancia.
El pequeño Alí hará continuada gala de su infantil inocencia en busca del nunca antes visto horizonte.
El cínico Zill evolucionará hacia la valentía, dentro de la más antigua tradición del antihéreo (v. gr. Han Solo).
La luchadora Noor, también en el papel estipulado, tendrá numerosas dudas en su búsqueda de la libertad (desde Hamlet hasta nuestros días la ficción está repleta de personajes que terminan cuestionándose la finalidad de sus medios)
Y por último la experimentada Safa, ejercerá de voz ronca de la conciencia (como el abuelo gruñón que siempre tiene razón, ¡Pedro y el Lobo! ¡Heidi! y cuántos más...)
Así que al que guste de la más antigua tradición narrativa del cómic, encontrará aquí todos los ingredientes.
Personalmente me quedo con la magnífica capacidad de trasmitir la incomprensión del mundo circundante que ha logrado esta novela gráfica.
Los leones del Zoo de Bagdad, no son capaces de asumir en su totalidad el aciago panorama que se abre tras la caída del muro que les separa de la libertad. Una libertad anhelada pero temida, en pleno escenario bélico. Recibirán noticias de cosas que ocurren o que ocurrirán con estupefacción. Intentarán recuperar su instinto de supervivencia en el peor de los momentos.
Desde nuestro punto de vista, el del todo poderoso guardián, su imposibilidad de entender nos devuelve la humildad que nunca debimos de perder, si es que alguna vez la tuvimos.
Nosotros somos los leones del Zoo de algún Dios que huye de los bombardeos.
Nueva etiqueta: Cuidado que... ¡Te veo!
viernes, diciembre 19, 2008
miércoles, diciembre 17, 2008
lunes, diciembre 15, 2008
Crossover 1 de 3
Para empezar mi nueva colaboración con "El Vertedero en el Sótano" unos cuantos crossovers de esos a los que yo llamo cruzamientos porque lo del inglés me se da fatal.
viernes, diciembre 12, 2008
Me mudo

jueves, diciembre 11, 2008
Por pedir... que no quede.

miércoles, diciembre 10, 2008
martes, diciembre 09, 2008
sábado, noviembre 29, 2008
viernes, noviembre 28, 2008
MASA, AMASA LA MASA
“Recuérdese que al comienzo distinguíamos al hombre excelente del hombre vulgar diciendo que aquél es el que exige mucho a sí mismo, y éste, el que no se exige nada...”
ORTEGA Y GASSET, José (1930), La rebelión de las masas, Colección Austral, 1, Madrid, Espasa-Calpe, 1956 [decimatercera edición]
He descubierto que soy masa, porque no encuentro ninguna gratificación en el esfuerzo.
Ortega habla con insistencia de un tal “hombre-masa”, mas yo no soy hombre, sino mujer.
Luego sólo puedo ser masa, es decir, La Masa, ese ser incontrolado y verde que todo lo devora.
jueves, noviembre 27, 2008
Lo he visto...
He visto mi deseo.
Me lo he sacado de las tripas en un arrebato de curiosidad. Me he hincado las uñas debajo del diafragma en el momento justo de la inspiración y he tirado fuertemente hacia arriba durante la exhalación. Ha salido disparado.
Era un amasijo informe que gritaba con mil voces chirriantes. Bajo la película sanguinolenta de mis entrañas se escondía una masa gelatinosa de color verduzco, como la envidia. ¿Esto es mi deseo? he pensado decepcionada. Pues vaya mierda. Y ahí lo he dejado, en mitad del salón.
Luego, he vuelto a recogerlo. No me parecía conveniente dejar sin limpiar mis heces.
Ya no era sino una pequeña piedra negra como el tizón y humeante. Ni sombra del sebo chillón de hace un momento. Está muerto, confirmé. Qué poco ha durado.
miércoles, noviembre 26, 2008
El basilisco, la fea y la mala
A veces siento como la ira me asciende desde la punta de los pies y me eriza la melena. Empieza como un leve cosquilleo que se expande para poseerme súbitamente. Para convertirme en el basilisco que abre la puerta y con espuma en la boca empieza a succionar las yugulares de todos aquellos que en pasillo departen amistosamente y a voz en grito, como si tras las paredes no hubiera gente intentando concentrarse.
Entonces me pongo los cascos y Ennio Morricone hace que todo desaparezca. Incluída mi fallida concentración.
martes, noviembre 25, 2008
Se redujo hasta poder hundirse, microscópica, entre las páginas del libro. Entonces, las letras eran gigantes, como molinos y en su grandiosidad, inalcanzables, incomprensibles. Montañas cuyas cimas se perdían en el cielo. Tardó en atravesar una coma una semana, y extenuada, derrengada y rota, rompió a llorar al ver, tras el ímprobo esfuerzo, alzarse al final del camino, kilométricamente enhiesto, el inicio de un trazo indescifrable.
Lloró todo un día, hasta alcanzar la locura de mano de la risa, floja y cantarina, abierta y carcajeante. Reunió sabiduría en el desternillamiento y creció, creció sin consumo de hongos, hasta quedar sentada en aquella coma que tanto la torturó. Ahora que tenía el poder del tamaño, ese mismo que siempre ostentó en la tortura a los ratones, pateó furibunda aquel miserable signo de puntación, creyendo, vanidosa, que siempre le sobraría.
A su derecha una “a” y a su izquierda una “n”, letras de molde. Quiso despreciarlas por su perfección mecánica, mas dándose cuenta de que pecaba de soberbia, reprimió su ira, y acarició su tersura negra, superficie pulida, brillante, casi reverberante, azabaches profundos, fríos, buscándoles algún encanto.
Recorrió la línea contemplando cada letra, en sí misma, sin poder, todavía, alcanzar a comprender el nexo que las unía. Las rodeaba como si fueran puntos independientes, mojones que marcaban un camino hasta que, al final de la frase, más allá del punto, se le abrió un abismo blanco, inmenso y cegador, sin fondo, un margen del que no se alcanzaba a ver el otro lado, si lo hubiere.
Se sentó con los pies colgando inertes en el precipicio. Y le fue fácil caer, caer, sin darse cuenta de que caía, porque la blancura cegadora le impedía comprobar que no había nada. Y así, creyó que vagaba por aquel espacio ancho y vacío. Súbitamente se percató de un leve murmullo de mucha gente, y de cierto olor a fritanga, a kebab barato y a vino peleón y pegajosos.
Y una voz entre todas se destacó. Parloteaba y era fácil imaginarla moviendo mucho las manos en una explicación precipitada que nadie había solicitado. El discurso fue perdiéndose de nuevo entre el barullo sin que alcanzara a descifrar cual fuera la importancia de lo dicho.
Giró sobre sí misma, buscando el tono perdido, y con el movimiento de rotación fueron surgiendo fachadas de edificios y bajo sus pies un empedrado de cantos rodados. Se distrajo observando cómo se dibujaba un balcón lleno de geranios y al tomar de nuevo conciencia había ante si una animada calle, estrechuca pero soleada.
Un enorme hombre tatuado hasta las cejas, lleno el cinturón de conejos en pellejo, arrastraba del brazo a una joven pálida que renqueaba, ante los ojos acostumbrados a la escena de los viandantes. Quiso intervenir, pero el gesto taimado del pintado la disuadió y, al final, se convención de que Remedios estaba encantada con el secuestro.
Se sentó en una terraza del final de la calle dispuesta a pedir una cerveza fría, muy fría, por favor, pero nadie salió a atenderla.
lunes, noviembre 24, 2008
QUIERO SER MONTERROSO
He pensado en escribir que cuando despertó el dinosaurio, todavía estaba allí. Pero no sé nada de dinosaurios y no puedo justificar la presencia de tan inconsciente Ulises que en vez de aprovechar el letargo del monstruo para preparar la huída se queda a darle los buenos días. ¿Le habrá preparado también el desayuno? Y además, me sobran palabras por todas partes.
viernes, noviembre 21, 2008
TREINTANA
Treinta metros cuadrados. Treinta años y otros tantos de hipoteca. Treinta días sin cobrar. Treinta pipas en la cena. Treinta cigarros de postre. Treinta euros en cubatas. Treinta palabras. Treinta besos y un polvo. Contad cuántos me faltan para llegar a treinta y estaré cumplida.
jueves, noviembre 20, 2008
miércoles, noviembre 19, 2008
INSOMNIO
Admiro mucho a la gente que no duerme (una noche, al menos).
Es curioso porque, según recuerdo, cuando empecé este blog (¡qué tiempos aquellos¡ ¡hace años ya!) pasé varias noches en blanco envuelta en fotografías y letras que se me rebelaban sin piedad. Luego me arrastraba por el día viendo a San Antoñito de Padua metiéndole mano al Niño Jesús y recibiendo collejas de Tayler Durden revestido de Brad Pitt.
Y aquí me tienen ahora, sin poder dormir, por obra y gracia de una mierda de bebida energética a la que no he sabido resistirme. Porque, verán, esta tarde, en la facultad, un par de jovencitas ataviadas con polos raperos entregaban a la entrada unas grandes latas de no sé que Burn, made in Coca-cola. Más que entregarla te la plantaban delante de la cara y, o la cogías o te estampabas contra ella primero y contra la puerta después. Una promoción, argumentaban, y todos como locos avituallándose como si fuera a acabarse el mundo. Ya se sabe que cuando algo es de gratis, aunque sea veneno, se acepta sin rechistar ¡faltaría más!
La lata en cuestión era, para más inri, de esas grandotas que abultan como dos de las standares. Y no se me ha ocurrido otra cosa a mí que abrirla y darle un buen lingotazo mientras distraída consultaba el correo antes de entrar de lleno al tajo. Un sabor dulzón primero y luego punzante en la lengua, desagradable a mí insípida incapacidad de sibarita. Pero, chico, el comer y el rascar todo es empezar y yo venga a empinar el codo hasta que advierto entre los ingredientes un “alto contenido en cafeína” y un “no es recomendable beber más de tres latas en un día”. Joder, me digo yo, que soy de un cafetero que ni Gometero ni Juan Valdés juntos me superan, qué forma más extraña de indicar una cantidad. Estos científicos de la Coca-cola, pienso, se debieron perder la clase de pesos y medidas.
En un acto de sumo raciocinio me dirijo al baño para tirar por el lavabo el contenido antes de deshacerme de la lata y contemplo, al verter el líquido en cuestión, que es de color azul. Me cago en todo. Les pareceré snob, pero no me gusta beberme cosas de color azul. Maniática que es una.
Y aquí me tienen ahora, sin poder dormir. Condicionada, sin duda, por las advertencias apocalípticas de una bebida energética.
Y vuelve de nuevo a ser curioso porque mucha de la gente que conozco que puede pasarse una noche sin dormir, se sostiene a base de alcohol (Hm... ¿estaré pecando de inocente? Nada puedo decir de lo que no veo). Ese mismo producto que a mí me produce un soporcillo cálido que me hace sucumbir en brazos de mi amado Morfeo hasta el punto de no necesitar llegar a mi cama para echar una cabezadilla.
Ah... lo que daría ahora por una cerveza y qué no diera por un Jack Daniel’s.
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)

