miércoles, diciembre 17, 2008

lunes, diciembre 15, 2008

Crossover 1 de 3



Para empezar mi nueva colaboración con
"El Vertedero en el Sótano" unos cuantos crossovers de esos a los que yo llamo cruzamientos porque lo del inglés me se da fatal. 

Dichos entrelazamientos vienen inspirados por las ganas que tiene El Pedro de salir en la célebres tiras "Quiero una chica de serie B" del aclamado Sarnago.



viernes, diciembre 12, 2008

Me mudo


A partir de ahora colaboraré con el celebérrimo y nunca suficientemente halagado blog "El Vertedero en el Sótano".
Allí podré ser, por fin, Remedios de los Dolores, para servirles a uds.


jueves, diciembre 11, 2008

Por pedir... que no quede.


Habrán oído miles de miles de veces aquello de: Pedid y se os dará.
Así que yo, ni corta ni perezosa, siguiendo al pie de la letra el estribillo, me he vuelto una pedigüeña.
Ya ven, no me corto un pelo en reclamarle a El Pedro cierta prometida tableta gráfica. Y tampoco anduve a la zaga cuando les requerí a mis amistades por mi cumpleaños, entre otras cosas (incluida una minifalda, con sus medias), una caja de rotuladores de colores.
Ambas solicitudes, conste, "para dibujar".
Y es que, no sé por qué, pero me ha dado ahora por dibujar.
Bueno... sí que lo sé. Y uds. también. Con tal de no hacer "lo que tengo que hacer" soy capaz de cualquier cosa.
La cuestión, en definitiva es:
Que El Pedro no me va a regalar la prometida tableta gráfica.
Y que los rotuladores de colores que me regalaron por mi cumpleaños a penas pintan.
¿Habré de ver también en esto alguna señal del Destino?


miércoles, diciembre 10, 2008

martes, diciembre 09, 2008

Para la mejor comprensión del asunto véase:
y
y disfruten de
El Vertedero en el Sótano

sábado, noviembre 29, 2008

To my brothers, the both.


Yes, it's true. I'm crying. Yes, I Know. I'm a sentimental.

viernes, noviembre 28, 2008

MASA, AMASA LA MASA


“Recuérdese que al comienzo distinguíamos al hombre excelente del hombre vulgar diciendo que aquél es el que exige mucho a sí mismo, y éste, el que no se exige nada...”


ORTEGA Y GASSET, José (1930), La rebelión de las masas, Colección Austral, 1, Madrid, Espasa-Calpe, 1956 [decimatercera edición]


He descubierto que soy masa, porque no encuentro ninguna gratificación en el esfuerzo. 

Ortega habla con insistencia de un tal “hombre-masa”, mas yo no soy hombre, sino mujer. 

Luego sólo puedo ser masa, es decir, La Masa, ese ser incontrolado y verde que todo lo devora. 

jueves, noviembre 27, 2008

Lo he visto...

He visto mi deseo. 

Me lo he sacado de las tripas en un arrebato de curiosidad. Me he hincado las uñas debajo del diafragma en el momento justo de la inspiración y he tirado fuertemente hacia arriba durante la exhalación. Ha salido disparado. 

Era un amasijo informe que gritaba con mil voces chirriantes. Bajo la película sanguinolenta de mis entrañas se escondía una masa gelatinosa de color verduzco, como la envidia. ¿Esto es mi deseo? he pensado decepcionada. Pues vaya mierda. Y ahí lo he dejado, en mitad del salón. 

Luego, he vuelto a recogerlo. No me parecía conveniente dejar sin limpiar mis heces. 

Ya no era sino una pequeña piedra negra como el tizón y humeante. Ni sombra del sebo chillón de hace un momento. Está muerto, confirmé. Qué poco ha durado. 

miércoles, noviembre 26, 2008

El basilisco, la fea y la mala

A veces siento como la ira me asciende desde la punta de los pies y me eriza la melena. Empieza como un leve cosquilleo que se expande para poseerme súbitamente. Para convertirme en el basilisco que abre la puerta y con espuma en la boca empieza a succionar las yugulares de todos aquellos que en pasillo departen amistosamente y a voz en grito, como si tras las paredes no hubiera gente intentando concentrarse. 

Entonces me pongo los cascos y Ennio Morricone hace que todo desaparezca. Incluída mi fallida concentración.



martes, noviembre 25, 2008

Se redujo hasta poder hundirse, microscópica, entre las páginas del libro. Entonces, las letras eran gigantes, como molinos y en su grandiosidad, inalcanzables, incomprensibles. Montañas cuyas cimas se perdían en el cielo. Tardó en atravesar una coma una semana, y extenuada, derrengada y rota, rompió a llorar al ver, tras el ímprobo esfuerzo, alzarse al final del camino, kilométricamente enhiesto, el inicio de un trazo indescifrable.

Lloró todo un día, hasta alcanzar la locura de mano de la risa, floja y cantarina, abierta y carcajeante. Reunió sabiduría en el desternillamiento y creció, creció sin consumo de hongos, hasta quedar sentada en aquella coma que tanto la torturó. Ahora que tenía el poder del tamaño, ese mismo que siempre ostentó en la tortura a los ratones, pateó furibunda aquel miserable signo de puntación, creyendo, vanidosa, que siempre le sobraría.

A su derecha una “a” y a su izquierda una “n”, letras de molde. Quiso despreciarlas por su perfección mecánica, mas dándose cuenta de que pecaba de soberbia, reprimió su ira, y acarició su tersura negra, superficie pulida, brillante, casi reverberante, azabaches profundos, fríos, buscándoles algún encanto.

Recorrió la línea contemplando cada letra, en sí misma, sin poder, todavía, alcanzar a comprender el nexo que las unía. Las rodeaba como si fueran puntos independientes, mojones que marcaban un camino hasta que, al final de la frase, más allá del punto, se le abrió un abismo blanco, inmenso y cegador, sin fondo, un margen del que no se alcanzaba a ver el otro lado, si lo hubiere.

Se sentó con los pies colgando inertes en el precipicio. Y le fue fácil caer, caer, sin darse cuenta de que caía, porque la blancura cegadora le impedía comprobar que no había nada. Y así, creyó que vagaba por aquel espacio ancho y vacío. Súbitamente se percató de un leve murmullo de mucha gente, y de cierto olor a fritanga, a kebab barato y a vino peleón y pegajosos.

Y una voz entre todas se destacó. Parloteaba y era fácil imaginarla moviendo mucho las manos en una explicación precipitada que nadie había solicitado. El discurso fue perdiéndose de nuevo entre el barullo sin que alcanzara a descifrar cual fuera la importancia de lo dicho.

Giró sobre sí misma, buscando el tono perdido, y con  el movimiento de rotación fueron surgiendo fachadas de edificios y bajo sus pies un empedrado de cantos rodados. Se distrajo observando cómo se dibujaba un balcón lleno de geranios y al tomar de nuevo conciencia había ante si una animada calle, estrechuca pero soleada.

Un enorme hombre tatuado hasta las cejas, lleno el cinturón de conejos en pellejo, arrastraba del brazo a una joven pálida que renqueaba, ante los ojos acostumbrados a la escena de los viandantes. Quiso intervenir, pero el gesto taimado del pintado la disuadió y, al final, se convención de que Remedios estaba encantada con el secuestro.

Se sentó en una terraza del final de la calle dispuesta a pedir una cerveza fría, muy fría, por favor, pero nadie salió a atenderla. 

lunes, noviembre 24, 2008

QUIERO SER MONTERROSO


He pensado en escribir que cuando despertó el dinosaurio, todavía estaba allí. Pero no sé nada de dinosaurios y no puedo justificar la presencia de tan inconsciente Ulises que en vez de aprovechar el letargo del monstruo para preparar la huída se queda a darle los buenos días. ¿Le habrá preparado también el desayuno? Y además, me sobran palabras por todas partes.

viernes, noviembre 21, 2008

TREINTANA


Treinta metros cuadrados. Treinta años y otros tantos de hipoteca. Treinta días sin cobrar. Treinta pipas en la cena. Treinta cigarros de postre. Treinta euros en cubatas. Treinta palabras. Treinta besos y un polvo. Contad cuántos me faltan para llegar a treinta y estaré cumplida.

jueves, noviembre 20, 2008

Mañana es mi cumpleaños. Treinta primaveras os contemplarán entonces sin veros. 
Felicitadme quienes me hayáis cogido algún aprecio.
Ignoradme los demás. 
Es para la estadística.

miércoles, noviembre 19, 2008

INSOMNIO

Admiro mucho a la gente que no duerme (una noche, al menos). 

Es curioso porque, según recuerdo, cuando empecé este blog (¡qué tiempos aquellos¡ ¡hace años ya!) pasé varias noches en blanco envuelta en fotografías y letras que se me rebelaban sin piedad. Luego me arrastraba por el día viendo a San Antoñito de Padua metiéndole mano al Niño Jesús y recibiendo collejas de Tayler Durden revestido de Brad Pitt.


Y aquí me tienen ahora, sin poder dormir, por obra y gracia de una mierda de bebida energética a la que no he sabido resistirme. Porque, verán, esta tarde, en la facultad, un par de jovencitas ataviadas con polos raperos entregaban a la entrada unas grandes latas de no sé que Burn, made in Coca-cola. Más que entregarla te la plantaban delante de la cara y, o la cogías o te estampabas contra ella primero y contra la puerta después. Una promoción, argumentaban, y todos como locos avituallándose como si fuera a acabarse el mundo. Ya se sabe que cuando algo es de gratis, aunque sea veneno, se acepta sin rechistar ¡faltaría más!


La lata en cuestión era, para más inri, de esas grandotas que abultan como dos de las standares. Y no se me ha ocurrido otra cosa a mí que abrirla y darle un buen lingotazo mientras distraída consultaba el correo antes de entrar de lleno al tajo. Un sabor dulzón primero y luego punzante en la lengua, desagradable a mí insípida incapacidad de sibarita. Pero, chico, el comer y el rascar todo es empezar y yo venga a empinar el codo hasta que advierto entre los ingredientes un “alto contenido en cafeína” y un “no es recomendable beber más de tres latas en un día”. Joder, me digo yo, que soy de un cafetero que ni Gometero ni Juan Valdés juntos me superan, qué forma más extraña de indicar una cantidad. Estos científicos de la Coca-cola, pienso, se debieron perder la clase de pesos y medidas. 


En un acto de sumo raciocinio me dirijo al baño para tirar por el lavabo el contenido antes de deshacerme de la lata y contemplo, al verter el líquido en cuestión, que es de color azul. Me cago en todo. Les pareceré snob, pero no me gusta beberme cosas de color azul. Maniática que es una. 


Y aquí me tienen ahora, sin poder dormir. Condicionada, sin duda, por las advertencias apocalípticas de una bebida energética. 


Y vuelve de nuevo a ser curioso porque mucha de la gente que conozco que puede pasarse una noche sin dormir, se sostiene a base de alcohol (Hm... ¿estaré pecando de inocente? Nada puedo decir de lo que no veo). Ese mismo producto que a mí me produce un soporcillo cálido que me hace sucumbir en brazos de mi amado Morfeo hasta el punto de no necesitar llegar a mi cama para echar una cabezadilla.


Ah... lo que daría ahora por una cerveza y qué no diera por un Jack Daniel’s.

viernes, noviembre 14, 2008

CONFUSIÓN y III



Insisto, insisto, estoy confusa.


A parte de lo incómodo que es mentir, para tener credibilidad, mis gustos personales no me causan ningún trastorno y los llevo aunque en secreto, con alegría. Lo que si me trae por por la calle de la amargura es que ni a Savater ni a Krahe, mis ídolos, yo les gustaría lo más mínimo si tuviera ocasión de ponerme frente a ellos. Eso sí que me jode, me frustra, me disgusta y me lleva a maltraer. Este es, pues, el quid de la cuestión.

Porque bien se les puede presuponer a ambos, hombres sensibles y de notables capacidades literarias, cierto atracción por la belleza femenina descrita desde el origen de los tiempos por los poetas y centrada exclusivamente en los rasgos físicos. Que si unos labios carnosos, que si unos ojos grandes, unas largas pestañas una nariz pequeña y afilada, un busto prominente, una cintura estrecha y unas caderas generosas. Atributos todos ellos de los que carezco. 

Yo, a lo sumo, sé contar chistes, principalmente porque suelo acordarme de ellos. Pero claro, eso no tienen ningún “sexapil”. 

Alguna vez he intentado adoptar alguna pose de esas que llaman sensual. Pero los resultados son tan irrisorios como los de los chistes. 


Dicen mis amistades que no me sé vender. Que me desaprovecho. Lo dicen, claro está, porque son mis amistades y no les gusta verme cabizbaja. Que si me tengo que poner camistitas ajustadas, que si falditas, que si el pelo no sé como, que si hay que maquillarse, que si tal que si cual. Y todo me parecen incomodidades. Las camisitas esas me sacan las lorzas a relucir, las faldas, me cago en tó ¿cómo hace una para sentarse con faldas? Y si me maquillo o me arreglo el pelo tengo que estar con mil ojos para no menearme demasiado y que se me salga un mechón o se me corra el rimmell. 


Soy consciente de que esto es un defecto mío. No veo que a ninguna mujer le cause trastorno alguno las capas de maquillaje con que se embadurna y tampoco parece preocuparles lo más mínimo el tiempo invertido. Tiempo que desde luego sus hómologos masculinos no tienen que emplear. ¿O sí?


Porque para rematar la pena, en el camino hacia la igualdad entre los sexos, en lugar de permitirnos a las mujeres, como a los hombres, lucir sin motivo de vergüenza los pelos de las piernas, resulta que se ha obligado a los hombres, en aras de la metrosexualidad, iniciarse en los placeres de las ceras. 


Así que doblemente jodida me encuentro. Porque fea y desarregalda debo enfrentarme a un montón de maromos maqueados hasta la punta de los pies. 

Vale, está bien. Me voy de rebajas (a esas alturas del año), pero que conste en acta: Lo hago a regañadientes.

jueves, noviembre 13, 2008

CONFUSIÓN II



Yo como les decía estoy un poco confusa porque, verán, siendo una mujer, y sin tener ninguna duda al respecto, me resulta incómodo. Y no me refiero, en absoluto, a los dolores de la regla, o a tener dificultades a la hora de mear de pie. Menudencias sin importancia. Me refiero a que tengo que llevar adosados una serie de cualidades que soy incapaz de cultivar. 


No voy a hacer un listado, demasiado largo, demasiado. 


Me centraré únicamente en los relativos al aspecto físico porque de toda la vida he tenido complejo de fea y gorda y bizca y torpe de gestos y es un tema, por tanto, que me obsesiona. Téngase pues en cuenta esto: que lo digo lo digo porque soy una acomplejada.


Como todo el mundo (supongo que, al menos, una inmensa mayoría) me siento atraída por las cosas hermosas y bellas. Y, como gran parte de ese mundo, soy perfectamente consciente de que la hermosura es un valor voluble, fruto cultural de cada tiempo debidamente condicionado por el gusto (o dis-gusto) de cada cual. Así que si tengo que decir que el Torso del Belvedere es bello, pues lo digo y si tengo que extasiarme ante una catedral, pues me extasio.

Pero, en realidad, lo que me gustaría decir es que me enseñes el ombligo, independientemente de como sea tu abdomen y donde mejor me encuentro es en una habitación sencilla, frente a una cerveza, sin vitrales adoctrinadores, ni incienso, ni oropeles. 

Si me dan a elegir entre Brad Pitt o Fernando Savater, me quedo con Don Fernando, aunque sea simplemente, porque no me va a hablar, de entrada, en inglés. Me pone, muchísimo más Javier Krahe que Clonney (y eso que Clonney también me pone, pero no canta, el condenado, con tanto desparpajo).

Así que tengo el gusto, con respecto a la media, algo trastocado, porque siempre que sale, en alguna conversación entre mujeres, quién nos parece guapo, tengo que mentir para ser creible. Les aseguro que nadie daría crédito a mi veneración por Savater o Krahe.


miércoles, noviembre 12, 2008

CONFUSIÓN I



A ver si me sale bien esta reflexión porque, la verdad, es que estoy un poco confusa y no es este el estado ideal para darle al cacumen.


Ando dando vueltas en torno a cuestiones que tienen que ver con el sexo, la hermosura y con Barak Obama. Todo hecho un batiburrillo.


Porque resulta que ahora que por fin hay un negro, perdón, afroamericano (en realidad es multado ¿tendrá esto importancia?) en el despacho Oval de la Casa Blanca y podemos alegrarnos y sentirnos aliviados y ver cumplido un sueño, parece que se nos ha olvidado que otra de las alternativas era poner a una mujer (blanca, digo caucásica, sí, pero mujer). 

Dejemos al margen aquello de la importancia de la personalidad, la figura o el icono, por encima de las ideas, en el mundo de la política. Eso es otro asunto de hondo calado del que habría que ocuparse en extenso en mejor lugar.

Centrémonos pues en el acontecimiento que ha fundado una nueva era “post-racial”, en la que por primera vez, al parecer (eso dicen los analistas), el color de la piel no importa. 

Se puede leer y oir por doquier que la lucha de Luther King, ha dado sus frutos, que aquellos que mejor jazz han hecho jamás (nada se dice del rap, porque quienes los dicen son un poco antiguos, supongo), que más velozmente han corrido y con más soltura han machado el aro, pueden ahora por fin hacer “algo tan serio” (?) como ser presidente de una gran Nación.


Yo me alegro enormemente y con gran inocencia. Vaya por delante. Y ahora, lo que me atormenta...


No quiero que me salga un discurso feminista, yo no quiero ser feminista, pero me pregunto, cuándo llegará la era “post-sexual” en la que igual que ahora no importa la raza (amén), no importara para nada el sexo (me refiero a ese que nos configura el cuerpo, no a aquella retahíla de fenómenos que nos lo eriza).